Nuestro epónimo

Dr. Humberto Fernández -Morán

Cualquier tentativa de sintetizar la vida y obra de Humberto Fernández-Morán se enfrenta a una dificultad común: la imposibilidad de condensar la trayectoria de este gigante; este nuevo intento recuerda que es hijo ilustre de Maracaibo (Venezuela), nació el 18 de febrero de 1924 en el seno de una familia profundamente comprometida con el progreso y la educación. Desde una edad temprana, su insaciable curiosidad y su inclinación por la ciencia lo distinguieron entre sus contemporáneos. En la ribera del lago de Maracaibo, su espíritu inquisitivo lo impulsó a emprender un recorrido académico sin parangón que lo llevó a las universidades más prestigiosas del mundo.

Una vez concluidos los estudios de educación secundaria, su rendimiento académico sobresaliente le permitió ingresar en la Universidad de Múnich (Alemania), donde obtuvo la licenciatura en Ciencias Médicas con la máxima calificación de summa cum laude. Posteriormente, dicho título fue revalidado en la Universidad Central de Venezuela, nuevamente con honores. En este contexto, su inclinación hacia la innovación le motivó a desarrollar el bisturí de diamante, una innovación que transformó (y sigue transformando) las técnicas microscópicas y neuroquirúrgicas, elevando los estándares de precisión y reduciendo significativamente los riesgos asociados a intervenciones delicadas.

Con una visión prospectiva, Fernández Morán no se limitó a las fronteras del conocimiento establecido. A mediados del siglo pasado, se incorporó al prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), y posteriormente a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, más conocida como NASA (por sus siglas en inglés, National Aeronautics and Space Administration), donde su ingenio contribuyó al desarrollo de tecnologías fundamentales para la exploración espacial. Su trascendental contribución a la creación del microscopio electrónico de barrido le valió reconocimiento internacional, consolidando su legado como pionero en este campo.

Su retorno a Venezuela supuso el comienzo de una nueva época en el ámbito científico latinoamericano. Su legado más notable fue la fundación del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC), actualmente denominado Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), lo que evidencia su inquebrantable compromiso con el progreso científico de su país natal. Bajo su liderazgo, el instituto se convirtió en un bastión de la investigación neurológica y una fuente de esperanza para muchos jóvenes científicos venezolanos.

En reconocimiento a sus contribuciones, Fernández-Morán fue galardonado con numerosos premios y honores, entre los que se encuentran la Orden del Sol del Perú, el título de caballero de la Orden de la Estrella Polar, la medalla John Scott y el premio Médico del Año, otorgado por la Universidad de Cambridge. Su obra trascendió las fronteras y disciplinas, y él mismo se consideraba un ciudadano del mundo dedicado a avanzar a la humanidad a través de la ciencia.

Falleció el 17 de marzo de 1999 en Estocolmo (Suecia). Conforme a sus deseos, un año después sus restos fueron trasladados al camposanto de El Cuadrado, en Maracaibo. Posteriormente, el 17 de marzo de 2025, fue elevado al altar de los héroes y heroínas de la patria, siendo conducido al Panteón Nacional, no solo como un acto simbólico, sino como un hito que supone un antes y un después en la forma en que nuestro país reconoce a sus figuras contemporáneas de la ciencia. Este acontecimiento representó un momento de unión nacional, una ocasión para reafirmar el compromiso con la dedicación y la pasión, conscientes de que lo que se construye hoy perdurará para siempre.

En un contexto global donde la independencia tecnológica y científica se erige como un imperativo equiparable a la relevancia de la política, el reconocimiento a Humberto Fernández-Morán adquiere una significación particular, ya que su legado constituye un testimonio viviente de que la auténtica libertad se gesta en los laboratorios, en las instituciones educativas superiores, en los centros de investigación y en el sector industrial, donde se forjan las herramientas que permiten a la sociedad desprenderse de las restricciones impuestas por la dependencia.

Esta universidad, que lleva su nombre, la Gran Misión Ciencia, Tecnología e Innovación, que fue bautizada en su honor como brillante y relevante figura que ilumina las iniciativas en todos los espacios de investigación y desarrollo del país, es un reconocimiento y una invitación a seguir su ejemplo, a dedicar todos los esfuerzos a cada proyecto, a cada investigación y a cada solución que contribuya al bien común.

Como expresó el Presidente Nicolás Maduro Moros: «El concepto de independencia nacional, por el cual se ha librado una constante batalla, ha sido traspasado a los dominios de la investigación, el desarrollo industrial y, de forma extensiva, a la esfera de la producción, con el propósito de emanciparnos del yugo asfixiante de aquellos individuos que buscan ejercer dominio sobre nosotros y guiarnos hacia una determinada ideología». En el contexto actual, se torna imperativo reafirmar que la ciencia y la tecnología constituyen instrumentos de emancipación, y que figuras como Fernández-Morán se erigen como faros que iluminan el sendero hacia un porvenir más prometedor.

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Dr. Humberto Fernández -Morán

Humberto Fernández-Morán nació en Maracaibo, estado Zulia, en 1924. Es el científico latinoamericano mas versátil del siglo XX, sus aportes son innumerables en diferentes ámbitos de la ciencia, comúnmente se le conoce por la cuchilla de diamante, el ultramicrotomo y la criomicroscopía electrónica, tecnologías que revolucionaron la observación amplificada de tejidos biológicos en los años 50. Sin embargo, su legado es mucho mas profuso. Humberto estudió ampliamente la visión humana y su conexión con el cerebro, descubrió el lugar donde el cerebro genera la energía, así como las frecuencias y canales de transmisión de esta. Estudió a profundidad la forma como el cerebro humano almacena información, imitando este mecanismo creó y patentó sistemas de miniaturización de información bibliográfica pudiendo almacenar un libro entero en un punto.

Humberto Creó en 1956 el primer resonador electromagnético nuclear a base de transistores, siendo estos los primeros transistores miniaturizados también fabricados por Humberto. Patentó en 1954 las técnicas para producir de forma industrial estos componentes electrónicos. También desarrolló lentes superconductores para miscroscópios de alta resolución. Desarrolló y patentó componentes generadores de distintos tipos de radiación entre muchas otras invenciones.

El amor por su patria, por la juventud y por la ciencia le llevarían a intentar sin descanso una y otra vez volver a su patria para crear institucionalidad científica. Fue el creador del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales (IVNIC) hoy día IVIC, propuso en 1963 la creación de un Instituto Politécnico de Tecnología, en 1974 logró la creación del Instituto Politécnico de las Fuerzas Armadas (IUPFAN), hoy UNEFA, ya en sus últimos años de vida soñaba con volver a su país a crear un instituto de investigación en el Zulia.

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