Hoy 24 de octubre se conmemora el Día Internacional contra el Cambio Climático. Esta jornada tiene como propósito alertar y generar conciencia a nivel global sobre los impactos del calentamiento global y la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Asimismo, busca impulsar la reflexión activa dentro de empresas, gobiernos y la ciudadanía sobre la forma en que las acciones individuales y colectivas pueden marcar la diferencia ante este desafío ambiental.
El boletín del 8 de octubre del Centro de Predicción Climática de la agencia estadounidense NOAA estima una probabilidad superior al 83 por ciento de que El Niño persista con intensidad de fuerte a muy fuerte hasta el trimestre enero-marzo de 2027, y una probabilidad similar de que, en el trimestre octubre-diciembre de 2026, el evento supere la magnitud de este fenómeno registrados desde 1950. Para ese mismo trimestre, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que la anomalía de la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico tropical central alcance aproximadamente +3,7 grados Celsius, con pico hacia diciembre.
El escenario climático anticipa un periodo especialmente difícil: calor intenso y sequía en algunas regiones, lluvias torrenciales, inundaciones y marejadas en otras.
El calentamiento global es un proceso de largo plazo, impulsado por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, producto en buena medida de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y ciertas prácticas agrícolas y ganaderas. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que desde 1988 evalúa el estado del conocimiento en la materia, ha documentado en seis informes de evaluación el calentamiento del planeta ligado a la actividad humana.
El Niño, en cambio, es un patrón climático natural que se repite de forma irregular cada dos a siete años. Consiste en el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical, acompañado del debilitamiento de los vientos alisios. Ese calentamiento libera hacia la atmósfera cantidades enormes de calor y humedad, con efectos que se dejan sentir lejos del Pacífico: lluvias desordenadas, sequías donde antes había cosechas seguras, olas de calor más prolongadas.
Los dos fenómenos interactúan. El Niño no causa el cambio climático, pero se despliega sobre un planeta ya calentado, y los especialistas advierten que esa interacción tiende a acentuar sus efectos sobre las precipitaciones y las temperaturas.
El Pacífico sacude al planeta
La cobertura internacional del fenómeno, incluido el reportaje «How will El Niño affect the world?» de la periodista Madeleine Cuff en New Scientist, del 29 de septiembre de 2026, advierte que se avecinan condiciones climáticas turbulentas en distintas regiones del planeta. El climatólogo Daniel Swain, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ha señalado que el Pacífico tropical es una parte muy influyente de los océanos del mundo, con una capacidad desproporcionada para afectar el clima global: el fenómeno parte de una enorme liberación de calor y humedad que modifica los patrones de circulación atmosférica a escala planetaria.
Los especialistas señalan que El Niño produce dos impactos principales. El primero es elevar las temperaturas globales del aire, a medida que el calor liberado por el océano se incorpora a la atmósfera. El segundo es la alteración del ciclo hidrológico: al cambiar los patrones de circulación atmosférica, se modifican la ubicación y el momento de las precipitaciones, con lluvias torrenciales e inundaciones repentinas en algunas zonas y sequías severas en otras.
Swain ha explicado que «El Niño es como un breve e intenso impulso de cambio climático que sobrealimenta todos los efectos del calentamiento global».
Por su parte, el doctor Dirk Thielen, jefe del Laboratorio de Ecología del Paisaje y Clima del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), señala que la geografía del país lo expone a condiciones contrastantes. En otras partes de Suramérica, como la selva amazónica, El Niño aumenta la probabilidad de sequías e incendios forestales, mientras que en Venezuela los efectos podrían diferir por regiones.
El IVIC advirtió en agosto que analiza los posibles impactos de la proyección de un «Súper Niño» entre 2026 y parte de 2027, con sequías y estrés hídrico en algunas zonas del territorio y lluvias intensas en otras. El investigador ha vinculado la intensificación de estos eventos con el calentamiento oceánico observado a escala planetaria, y ha señalado que algunas regiones podrían experimentar condiciones más secas, lo que obligaría a los sectores agrícolas a ajustar sus planes de cultivo, mientras otras registrarían un incremento de las precipitaciones.
En el estudio «Respuestas de las precipitaciones en Venezuela al actual calentamiento sin precedentes de las aguas oceánicas globales», publicado en 2024, Thielen y sus colaboradores dividieron a Venezuela en sus ocho regiones naturales más el Territorio Esequibo y documentaron pulsos de sequía extrema alternados con pulsos húmedos extremos, por lo que recomendaron preparar la respuesta para ambos extremos.
Riesgos que aumentan
Benjamin Horton, de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, ha advertido de que el evento de El Niño de 2026 podría ser el más fuerte en los últimos 70 años. «A medida que el océano se calienta, cada El Niño llega con más energía y severidad», ha señalado el investigador, al subrayar que El Niño y el calentamiento global se combinan para generar extremos climáticos más frecuentes.
Los efectos se extienden por varios continentes. En la India, uno de los primeros países en sentir el impacto de El Niño, el fenómeno suele alterar la temporada del monzón de junio a septiembre. Los riesgos de calor extremo, sequía y estrés hídrico alcanzan también al sur de Asia, incluyendo Pakistán, Sri Lanka, Bangladesh y Nepal.
En África, la organización humanitaria Save the Children advirtió, en un análisis difundido el 22 de septiembre de 2026, que unos ocho millones de niños de África oriental y meridional podrían enfrentar hambre aguda a principios de 2027, un aumento del 30 por ciento con respecto a los niveles actuales, impulsado por uno de los episodios de El Niño más intensos de los últimos años.
La OMM, por su parte, sitúa la alerta humanitaria más inmediata en el este de África, con mayor riesgo de lluvias intensas e inundaciones entre octubre y diciembre, y en el sur del continente, donde se esperan condiciones más secas a partir de noviembre.
En la costa occidental de Estados Unidos, el cuadro se invierte: el riesgo es el exceso de agua, puesto que se prevé que un El Niño histórico intensifique los ríos atmosféricos que suelen descargar fuertes lluvias sobre esa región.
Frente a la complejidad de este fenómeno, la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC) ratifica su compromiso institucional como centro de formación científica, innovación tecnológica y educación ciudadana.
La UNC anunció la incorporación de la Licenciatura en Ciencias Ambientales y Climáticas a su oferta académica próximamente. Al respecto, el doctor Jhan Leal, miembro del Comité Curricular, ha señalado que la carrera «nace de la necesidad nacional de contar con expertos que puedan enfrentar los efectos de grandes lluvias, inundaciones o sequías, y apoyar la planificación territorial ante estos escenarios».
La conmemoración del Día Internacional contra el Cambio Climático constituye un marco propicio para recordar que la preservación de los equilibrios ecosistémicos demanda el esfuerzo convergente de la investigación científica, las políticas gubernamentales y la conciencia comunitaria. Desde sus aulas y laboratorios, la UNC reafirma su labor de generar conocimiento riguroso para construir un modelo de desarrollo sostenible.
Prensa UNC – YA
