Cada 22 de abril, la celebración del Día Internacional de la Madre Tierra, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) desde 2009, representa un llamado a repensar el actual modelo de desarrollo que domina en el mundo, las prácticas y conciencia social sobre la fragilidad ambiental y, de manera especial, la formación académica de las nuevas generaciones con perfiles dirigidos al desarrollo sustentable.
En 2026, bajo el lema “Nuestro Poder. Nuestro Planeta”, la jornada adquiere un especial significado al subrayar el papel de las comunidades en la protección ambiental y su vínculo directo con la salud pública, la estabilidad económica a través de la adopción de energías renovables y la acción climática para proteger nuestro hogar.
La consigna invita a actuar para garantizar aire limpio, agua potable y energía sostenible, en un contexto donde los eventos climáticos extremos y la degradación de los ecosistemas impactan de forma creciente en la vida del planeta.
En Venezuela, la agenda ambiental ha sido incorporada a las políticas públicas a través de la Gran Misión Madre Tierra Venezuela, creada en 2025 como parte de la Sexta Transformación del Plan de la Patria 2025-2031. Su enfoque apunta a la construcción de un modelo ecosocialista sustentable, apoyado en la ciencia, la tecnología y la participación comunitaria.
La misión se estructura en siete vértices que abarcan desde la educación ambiental hasta la economía circular, pasando por la gestión de cuencas, la conservación de la fauna y el monitoreo climático. Se trata de una plataforma integral que articula conocimiento científico y acción territorial, con énfasis en la regeneración ecológica y la transformación cultural, a través de diversos programas bajo la dirección del Ministerio del Poder Popular para Ciencia y Tecnología.
Educación para la sostenibilidad
En este contexto, la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC) ha posicionado un modelo académico, que busca desarrollar profesionales con pensamiento crítico, compromiso social y una comprensión integral de la relación entre ciencia y vida.
La institución ha integrado un conjunto de principios en la docencia, la investigación y la extensión con la finalidad de formar científicos y profesionales capaces de incidir en la realidad, desde el conocimiento y la responsabilidad ética.
Uno de los ejes transversales de este modelo es la bioética que, en tiempos de la actual crisis climática, adquiere una importante dimensión al incluir tópicos como la relación con los ecosistemas, el uso de los recursos naturales y la equidad intergeneracional, que compromete a preservar el medio ambiente y los recursos naturales para garantizar que generaciones futuras hereden un planeta estable y habitable.
De esta manera, la formación impulsada por la UNC se orienta hacia prácticas de desarrollo sustentable que integran ciencia, tecnología y conciencia social. Esto implica repensar la producción, el consumo y la gestión del territorio, pero también cultivar valores que reconozcan a la naturaleza como sujeto de derechos. Ser partícipes de un cambio de paradigma donde el medio ambiente deja de ser objeto de explotación para ser titular de derechos propios, como la existencia, restauración y regeneración.
En este sentido, la rectora de la universidad y Ministra del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez Ramírez, durante el Congreso Mundial en Defensa de la Madre Tierra, celebrado en Caracas en octubre de 2025, afirmó que «reconocemos a la Tierra y sus componentes como un ser vivo, con derechos inherentes como la vida, la regeneración de sus ciclos vitales, la diversidad, y la vida libre de contaminación».
La declaración resume una visión que trasciende lo ambiental al involucrar aspectos éticos y políticos. No se trata solo de proteger recursos, sino de redefinir la relación entre sociedad y naturaleza.
En la misma intervención, Jiménez Ramírez subrayó la dimensión colectiva de este desafío: al señalar que «la lucha contra la crisis climática requiere todos los esfuerzos para organizarnos, formarnos y accionar de manera concreta. Los pueblos del mundo y los gobiernos preocupados sinceramente por los efectos del cambio climático debemos dar un paso adelante».
En la UNC, la articulación entre formación académica y compromiso ambiental se expresa en proyectos de investigación aplicada, programas de extensión comunitaria y espacios de debate interdisciplinario para modelar nuevas prácticas, valores y formas de interpretar la realidad.
La integración de la bioética como eje transversal permite abordar los dilemas contemporáneos desde una perspectiva compleja. El Día Internacional de la Madre Tierra, en este contexto, deja de ser una fecha simbólica para convertirse en una agenda permanente. Una que interpela a las instituciones, a las comunidades y, de manera especial, a quienes hoy se forman para liderar los cambios que el planeta demanda para su preservación.
En Venezuela, la convergencia entre política pública, ciencia y educación superior abre una oportunidad para construir un modelo de desarrollo sustentable con identidad propia.
Prensa UNC – YA

















