Por: Gabriela Jiménez Ramírez Con la llegada de la inteligencia artificial el debate se ha centrado en cómo esta herramienta tecnológica impacta en nuestros niños, niñas y jóvenes, especialmente en su formación académica y la capacidad del pensamiento crítico. Lejos de ser el origen del problema, la inteligencia artificial ha puesto en evidencia las limitaciones de un modelo educativo anclado en el pasado. La plataforma Ingeni.academia, destaca que la IA no ha venido a desplazar al sistema educativo, sino a dejar al descubierto su falta de adaptación a la nueva realidad. Esta resistencia al cambio no es reciente, pero se ha hecho más visible con la aceleración tecnológica de los últimos años. Para desmontar los mitos con respecto a la IA y al sistema educativo, se cita a Andreas Schleicher, director de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y coordinador del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), quien enfatizó en varias oportunidades que «los sistemas educativos se mueven más despacio que el mundo que los rodea». Este enfoque distinto no se logra con prohibiciones o con miedo a la IA, sino con una transformación estructural que coloque el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de resolver problemas en el centro del proceso educativo. La IA no debilita el pensamiento crítico en los jóvenes exclusivamente. Estudios de la OCDE mostraban antes del auge de la inteligencia generativa, un preocupante declive en las habilidades lectoras, matemáticas y científicas de los estudiantes en múltiples países. La pérdida de pensamiento crítico no es solo efecto de la IA, sino del estancamiento de un sistema que prioriza la memorización sobre el análisis. Ante este hecho, se cita a Sal Khan, fundador de Khan Academy, quien afirmó que «la inteligencia artificial puede ser un tutor poderoso, pero no reemplaza la necesidad de que los estudiantes piensen por sí mismos». En sus propias palabras, la tecnología «amplifica la intención humana», por lo que es necesario siempre trabajar para que tengan un impacto positivo pero es necesario que haya buenas personas trabajando en cosas con buenas intenciones de superación personal, aprendizaje y motivación. Ante estos escenarios, se hace realidad aquella frase de Klaus Shcwab, fundador del Foro Económico Mundial quien decía que el sistema educativo, actual, «fue creado para la edad industrial, no para el mundo digital» por lo que insta a transformar un modelo, que está basado en la memorización de contenidos y repetición de información, por el incentivar a las nuevas generaciones a desarrollar habilidades acordes a la era tecnológica. La IA no debería ser vista como una amenaza que hay que contener, sino como una herramienta que puede potenciar el aprendizaje si se integra con visión pedagógica y ética. Pero para ello, es urgente abandonar el miedo y abrazar el desafío de transformar la educación. La tecnología puede cambiar la forma en que enseñamos, pero solo los seres humanos pueden cambiar el propósito con el que educamos.
José Luis Zambrano: Microbiología para la independencia
Un profesional de la microbiología que trabaja con arbovirus es una especie de guerrero o guerrera en pie de lucha. Quienes combaten para controlar estos y otros organismos amenazantes constituyen una especie de legión heroica dispuesta a garantizar la supervivencia de la especie. José Luis Zambrano, nacido en Maracaibo, se presenta a sí mismo, enumera los pasos dados con disciplina y pasion hasta alcanzar sus actuales competencias: “Estudié Biología en la Universidad de Zulia (LUZ) en la Facultad Experimental de Ciencia. En esa misma facultad hice una maestría en Microbiología. Después me dirigí al IVIC a realizar mi Doctorado. Allí inicié mi carrera de investigador posdoctoral en el Centro de Microbiología y Biología Celular. Después hice un segundo post-doc en la Universidad Estatal de Montana, en Estados Unidos. Luego regresé y me reincorporé al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) como investigador”. Cómo nace el deseo o se descubre la vocación científica en un ser humano responde a múltiples factores. Un denominador común podría ser el gusto por las ciencias desde la infancia, pero son muchas las variables: tiempo, espacio, clima, entorno familiar, género, alimentación, juguetes disponibles, factores hereditarios, acceso a la educación y servicios de salud… “Mi mamá era maestra normalista, ella tenía juguetes didácticos que compraba para usarlos con sus estudiantes, pero ella se los llevaba a la casa. Recuerdo que tenía dos sets; uno de química y uno de biología. Había un microscopio chiquito con unas láminas y uno podía ver con él cosas muy básicas. También me gustaba jugar con el set químico, ver las reacciones que te generaban colores, cómo algo echaba espuma, explotaba, yo jugaba mucho con eso de niño”. En el caso de José Luis Zambrano a esta situación propia de su entorno familiar vendría a sumarse el acceso a una universidad pública de calidad (LUZ), luego de haber tenido un excelente profesor de biología en el liceo “Rómulo Gallegos” de Maracaibo: “Él era muy didáctico. Hablaba de situaciones cotidianas. En principio me gustaba mucho el área de botánica, pero cuando vi la asignatura microbiología me decanté hacia esa área”. Luego explica didácticamente: «la microbiología es el estudio de los patógenos de los microorganismos infecciosos: virus, bacterias, parásitos, hongos”, y describe el área de su especialidad: “Yo me especialicé en virología. Trabajo con arbovirus. Es decir, con estos virus que forman este grupo que son dengue, zika, chikungunya, oropouche, fiebre amarilla. Pero la microbiología es una área multidisciplinaria, donde estamos en interacción con áreas como la química, la bioquímica, la inmunología, etcétera. Como trabajamos con patógenos, que son sistemas biológicos, trabajamos con otros tipos de investigación que nos ayuden a entender estos microorganismos bastante complejos”. –¿Qué proyecto de investigación lleva o coordina actualmente? –En el laboratorio del Centro de Microbiología y Virología Celular del IVIC trabajamos para tratar de entender los mecanismos de patogénesis de los arbovirus. Hacemos diagnósticos de los diferentes arbovirus en Venezuela y actualmente estamos dedicados al estudio de los mecanismos de patogénesis del virus dengue y de oropouche. –¿En qué consisten estos trabajos, cómo se estudia un virus? –Estudiamos la respuesta innata celular, cuando la célula se enfrenta a un virus. Evaluamos las rutas celulares que se activan cuando el virus infecta una célula, cómo la célula responde a la infección, cómo el virus interactúa con rutas metabólicas; cómo estas rutas metabólicas buscan bloquear al virus y cómo el virus trata o puede modular una respuesta celular, que son los mecanismos propios de patogénesis del virus. Estudiamos la evolución de estos virus a través de su secuencia genómica y con estas secuencias, que tienen un marco de lectura que codifica para proteínas estructurales o no estructurales del virus, podemos modelarlas utilizando herramientas bioinformáticas para ver la estructura de estas proteínas. Luego hacemos acopiamientos moleculares con drogas, donde podemos ver cómo interactúan (los virus) con estas drogas, si funcionan o no funcionan, y cómo en colaboración con la química computacional podemos mejorar. –¿Cómo pueden vincularse la ciencia y la microbiología con la soberanía nacional? –Cuando trabajamos en investigación el objetivo es no solamente entender un proceso biológico, un proceso químico o una propiedad física de un compuesto, es tratar de lograr acercarnos a esa independencia deseada de tener nuestras propias capacidades que puedan sustentar nuestras necesidades. –¿Qué debería considerar el proyecto de unprofesional o una profesional egresada de la UNC? –La universidad tiene una Dirección de Investigación y una Coordinación de Proyectos, en la que trabajo, y además hay una Coordinación de Publicaciones y una de Socialización de cada investigación. Nosotros vamos de alguna manera a coordinar o supervisar los proyectos de investigación de los estudiantes a través de sus trabajos especiales de grado. Un proyecto bueno, se espera que dé una respuesta directa o indirecta a algún problema científico, pero sin olvidar su relación con problemas reales que tenga la sociedad. –No todo conocimiento es aplicable a corto plazo En los procesos de investigación, señala el profesor Zambrano, el conocimiento marcha poco a poco y se va acumulando hasta ser suficiente para entender un problema y poder resolver u ofrecer una solución o una respuesta a una necesidad concreta o específica. “Te lo digo desde mi punto de vista como virólogo: conseguir entender la patología de un virus permite diseñar una droga o una vacuna que sea efectiva. Pero para lograr esa droga o la vacuna, hay que entender al virus, hay que entender a la célula, al organismo, cómo interactúa entre el patógeno y el sistema inmunitario, y de ahí entonces podemos diseñar algo realmente efectivo. Eso lleva tiempo”. –¿Cuál ha sido su participación en el diseño del plan de estudios de la UNC? –Nosotros trabajamos en el diseño de de la malla curricular de la carrera de Biología y Química computacional. Con esta carrera queremos formar a profesionales que tengan el conocimiento biológico y químico para estudiar sistemas complejos biológicos, desde el nivel molecular hasta un ecosistema, y la capacidad de evaluar también a nivel atómico, interacciones de compuestos, estudiar las reacciones químicas que nos lleven
Iván López: Curripaco en Ciencia Abierta
Su niñez y adolescencia transcurrían en pequeños pueblos del Amazonas colombo-venezolano. Hasta que vio un documental que le torció los planes y se vino a estudiar Ciencias en la ciudad más grande que ha visto en su vida. Coleados estábamos en una clase de Filosofía de la UNC, mientras la profe Lilia Ana Márquez proponía, comentaba, problematizaba un incómodo y necesario asunto: si la ciencia que nos han inculcado durante décadas le ha servido al capitalismo, a la guerra, a la dominación y a la invisibilización de los pueblos pobres de la tierra, entonces esa ciencia no le sirve a la nueva sociedad, la que se supone que ya procedimos a construir. Márquez le preguntó si se habían paseado por las lecturas recomendadas sobre el tema, y varios jóvenes dijeron que sí, y lo demostraron, casi siempre a punta de inquietudes. Uno de esos muchachos que tenían más preguntas que afirmaciones era Iván López, que tiene buenas razones y motivos para sentirse participante de esa demolición de paradigmas, desde dentro. El chamo va a estudiar Biotecnología, y ya entiende por qué incluso esa carrera debe entromparse desde una perspectiva, un punto, una trinchera, y que esa trinchera está llena de claves decoloniales, antiimperialistas y de cuestionamiento de todo lo que suene cómodo y florido. Si el cuerpo y la mente te invita a amoldarte entonces la primera tarea es reventar ese molde: ahí es donde el pensamiento necesita algo de dolor y mucho de acción. A Iván, nacido en 2006, le va a resultar fácil, o al menos eso parece. Iván tiene un fenotipo indígena imposible de ocultar, así que no hubo ninguna sorpresa cuando informó que viene de Amazonas, y que su familia es de origen curripaco, pueblo ancestral binacional que todavía esgrime su cultura en aquellos parajes binacionales. Su padre es técnico en refrigeración, y su madre, personal administrativo en Fundacite Amazonas. El joven confiesa con toda honestidad que ha sido víctima del proceso de desconexión cultural que tiende a aislar a los pueblos originarios. –¿Qué te aportó tu cultura? ¿Qué hay de curripaco en el equipaje que traes de Amazonas? –Mire, siendo sincero, yo tuve una gran desconexión con mi cultura. Me sé solo dos palabras en curripaco: jariwaikao y huachapía, que es «cómo estás» y «gracias». La verdad, últimamente es que me he interesado justo ahorita en mi adolescencia en lo que es el conocimiento indígena tradicional y en lo que puede aportar como la sociedad, a pesar de que es una cultura muy opacada por la modernización y la tecnología actual. –¿Conocías una ciudad grande como esta? –Yo me crie en pueblos pequeños. las ciudades más grandes que conocía eran Inírida (Guainía, Colombia) y Puerto Ayacucho (Amazonas, Venezuela). Había venido a Caracas con mi mamá, muy pequeño, pero nunca tuve relación con lo que es la metropolización o las ciudades grandes. Este detalle, y la intervención de una de sus compañeras de clases, en las que se atrevió a preguntar dónde cabe en esa Universidad la kinestesia, el mal de ojo, y si se puede hablar de lo aburrido que es Platón, me animan a explorar por este lado: –La profesora ha dicho que debemos abrir el cerebro a lo que es la magia y a los conocimientos ancestrales. Eso te debe dar un alivio tremendo. –Eso me da un alivio porque es básicamente de lo que se trata la Ciencia Abierta, el poder descubrir otros entornos y no solo seguir lo que ya está escrito. – El gancho que lo trajo a Caracas La Universidad Nacional de las Ciencias, en su etapa germinal, se movió por el país buscando a sus estudiantes, un movimiento de una audacia que hemos comentado antes en esta serie. Pero de nada sirve que la universidad vaya a buscar estudiantes si éstos no están interesados o animados a mudarse desde sus lugares de origen hasta Caracas, para echarle piernas. Iván revela con su respuesta personal que hay acciones, políticas y productos culturales que le cambian la vida a la gente: –A mí me animó a venirme para acá fue más que todo la historia de Humberto Fernández-Morán, un científico del que no conocía su historia, no conocía el gran talento y el aporte que le hizo a Venezuela, la cuchila de diamantes y otras cosas. No sabía nada de él hasta hace seis meses, por la campaña que se le está haciendo, vi la película sobre él en Amazonas. También conté con el apoyo de mi madre y mi padre, que siempre me han apoyado en todo lo que siempre quise. –¿Y antes de eso qué hacías? –Yo soy apenas recién salido del bachillerato. Mis aspiraciones al principio eran hacer la carrera de Administración, Economía o Mercadeo, y ahora estoy relacionándome con lo que es la materia, la ciencia como tal, la ciencia para la vida. Ahorita quiero aprovechar mis conocimientos más que todo porque ya tuve roces con la química y ahora sobre todo con la Biotecnología, y que descubrí que es una carrera multidiversa en su naturaleza, porque no sólo aporta a lo que es la química natural, no, puede aportar a lo que es la la agricultura, a conocer la fauna y la flora, el ecosistema y hasta la misma industria. –¿Habrá alguien que sepa de botánica allá en Amazonas? Sin ningún problema se me rio en la cara, como correspondía. –Obvio, porque con el conocimiento que puedo adquirir en toda esta carrera yo puedo hacer un gran aporte a mi estado, siendo un área selvática. En esos territorios el conocimiento por parte de los indígenas puede aportar y ayudar al avance en lo que es la tecnología aplicada a la botánica. –¿Cómo te ves dentro de cinco años? –Me veo como licenciado en Biotecnología aquí en Caracas, y si es posible aportarle lo que pueda. Dios quiera una gran investigación, un gran aporte que le pueda hacer al país y sobre todo a mi estado, a mis raíces. ¿Habías venido antes para Caracas? Con
















