Arnelly Escalona tiene 10 artículos publicados en revistas arbitradas con el equipo de biomedicina y el laboratorio de genética molecular de IVIC, donde desarrolló su maestría en Microbiología. Pero la clave más importante de su presencia en la UNC es su largo trabajo al servicio de las comunidades. La sede de la Universidad Nacional de las Ciencias “Dr. Humberto Fernández-Morán” fue el hermoso escenario de la entrevista con la bioanalista y microbióloga Arnelly J. Escalona, teniendo como testigos las esferas aéreas de colores que destacan en la entrada de la sede y que simulan la cadena del ADN. Mujer preciosa y jovial cuyos ojos y mirada transparentan la satisfacción de una mujer plena y respetuosa de su profesión. Nació en Caracas y estudió Bioanálisis en la Universidad Central de Venezuela. Investigadora y docente, empezó a querer a la humanidad desde que era una niña. Concibe su trabajo científico como un servicio público. “Provengo de una familia oriunda de Barlovento. Desde pequeña tuve la inclinación de estudiar en un laboratorio, ese era mi sueño. Cuando decidí qué estudiar pensé en una carrera que me pudiera llevar a trabajar en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Y en ese momento escogí Bioanálisis porque tenía la inclinación al servicio, a ayudar a las personas y de trabajar en el área de la salud. Esta carrera me dio la oportunidad de hacer desarrollo científico, comunitario y también desarrollé mi inclinación como personal de investigación y de laboratorio. “A mediados de la carrera, cerca del quinto semestre, conocí al doctor Jacobus de Waard (biólogo, PHD), que ha sido desde entonces mi mentor y quien me ha introducido en el mundo de la investigación. Me dio la oportunidad de hacer la conexión con el IVIC, donde conocí al doctor Howard Takiff (médico, PHD en genética molecular y epidemiólogo). Fue mi tutor de tesis de maestría y con él empecé a trabajar desde 1999 hasta el presente. Desarrollamos un trabajo con tuberculosis bovina, con epidemiología molecular de Mycobacterium tuberculosis y Mycobacterium bovis, además del desarrollo de técnicas de diagnóstico por PCR e identificación de micobacterias atípicas. Parte de esa labor la he desarrollado recientemente, además del trabajo clínico directamente con pacientes y con muestras clínicas para el diagnóstico de enfermedades infecciosas”. –Mi mamá fue quien más influyó, porque ella estudió Biología en la Universidad Central de Venezuela (UCV), y aunque no pudo culminar esta carrera se graduó de técnico químico. Eso me motivó a seguir sus pasos. Fue de las inspiraciones más importantes que he tenido hasta el momento. Mi padre me enseñó a aprender y a definir lo que uno quiere como parte de la vocación. Y eso me dejó muy bien marcado. En tono didáctico, cuando le pedimos definir su campo de estudio dice que la microbiología es “el estudio de todos los organismos pequeños que no están a simple vista. Algunos causan enfermedades, y otros nos ayudan en la industria de la alimentación, en la industria agrícola y en el desarrollo de investigaciones. La microbiología es uno de los campos más amplios que existen en el área de investigación y tiene utilidad en el área clínica, de diagnóstico y de investigación”. –Y el trabajo que mencionaste en laboratorios con animales, ¿dónde lo realizaste? –Eso fue parte de una investigación que hicimos con veterinarios de la Universidad “Lisandro Alvarado” de Barquisimeto. Era un trabajo muy interesante porque íbamos a cada una de las fincas a hacer el despliegue y el diagnóstico de tuberculosis, y cuando estos animales salían positivos tomábamos muestras y hacíamos la recuperación de micobacterium bovis. Esto nos daba el insumo necesario para hacer las pruebas de epidemiología molecular e identificar transmisión y brotes en algunas fincas. El trabajo nos dio, en algún momento, un mapa generalizado de todas las cepas de Micobacterium bovis que estaban circulando en las fincas ganaderas de Venezuela. –Hay otro trabajo que tú haces en el laboratorio. –Sí, son dos formas de trabajar completamente distintas. Es una técnica de laboratorio que se puede aplicar para ambos tipos de muestras. Solo que el trabajo de campo es mucho más interesante desde el punto de vista del dinamismo que implica. Pero también el trabajo de laboratorio clínico conlleva disciplina, empatía hacia el dolor ajeno. Son dos cosas que han sido muy importantes en el desarrollo de mi trabajo. –¿Cuál es tu experiencia profesional más gratificante? –La más gratificante ha sido ayudar a las personas en cualquier ámbito. Cada vez que he tenido que trabajar en un hospital público o en una clínica privada, haciendo trabajo de campo y labor social, la recompensa que me trae un paciente al darme las gracias por lo que yo hice para su beneficio ha sido siempre lo más grato y lo más importante para continuar formándome y aprendiendo. –¿Y lo más duro, la experiencia más difícil? –Creo que lo más duro es la disciplina, la constancia y el trabajo continuo que hay que hacer siempre. No podemos desmayar ni dudar, tenemos que estar constantemente consultando la información nueva para no cometer errores. Entonces, eso quizás genera estrés y angustia, pero sobre todo en el tiempo del Covid-19, que fue tan complicado para el personal de salud, cuando no teníamos descanso, trabajamos durante toda la noche, durante todo el día. Esa dedicación que a veces implica dejar de lado la familia, dejar de lado los gustos personales para continuar con el trabajo, creo que es lo más difícil y desafiante. –¿Cómo se producen las innovaciones en el campo de la microbiología? –La innovación es una de las aplicaciones más importantes en esta área. En los últimos 20 años hemos cambiado en el área de la salud humana. Nos hemos dado cuenta de la importancia de la microbiota para el cuidado de la salud en general. Hace 20 años utilizamos los antibióticos de forma indiscriminada; ahora nos hemos dado cuenta de que es importante cuidar la cantidad de bacterias buenas que forman parte de nuestro intestino, que nos ayudan a defender de enfermedades, que
















