El Programa Antártico Venezolano surgió en 1999, a través de la política visionaria del Comandante Hugo Chávez. Actualmente mantiene un papel clave en la investigación y conservación de los océanos y la Antártida. Este programa está adscrito al Centro de Oceanología y Estudios Antárticos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y tiene como fin involucrar a toda la población en el cuidado del ambiente marino y la preservación de los ecosistemas del continente blanco. «Trabajamos los océanos y la Antártida, es por ello nuestra motivación, porque esta información de todo lo que nosotros realizamos en nuestro medio ambiente marino costero y todo lo que se hace en la Antártida pueda llegar a toda la población, desde los más pequeños hasta los más adultos», indicó Helga Handt Delgado, investigadora del Laboratorio de Estresores Marinos y coordinadora científica del Programa Antártico Venezolano. La especialista indicó que, posterior a la creación del programa, Venezuela firma el Tratado Atlántico y lo ratificó en el año 2001. Asimismo, en 2014 se suscribió el Protocolo de Madrid, siendo una línea estratégica para cuidar y preservar las costas venezolanas, océanos y la Antártida. Una de las principales actividades que se promueven desde el programa es la Ruta Oceánica y Antártida, diseñada para acercar la ciencia y la exploración a las nuevas generaciones. En esta ruta, los visitantes comienzan su experiencia en la sala de exposiciones, donde se presentan cuentacuentos, entre los que destaca una versión del cuento Un osito polar perdido en la Antártida. «Bien sabemos que en la Antártida no hay osos, pero precisamente es para marcar esas diferencias de por qué no hay osos en la Antártida», indicó la especialista al tiempo que agregó que para los más pequeños también se realizan sesiones de artes. Los más grandes, por su parte, tienen la oportunidad de participar en actividades prácticas en los laboratorios del centro, donde se investigan temas como las técnicas de química marina, la valorización de los recursos marinos, los estresores marinos y el modelado oceánico. «Les vamos explicando y vamos haciendo prácticas, donde los chamos se involucran de las actividades y pueden aprender más de lo que realizamos en el día a día», manifestó. Hasta la fecha, esta ruta ha abordado a más de mil estudiantes que han visitado el centro de investigación, así como también se mantiene un estrecho trabajo de colaboración con diversos países durante las campañas científicas en la Antártida. La doctora Handt resaltó la importancia de la sensibilización temprana y afirmó que esta ruta es esencial para crear conciencia en la población, debido a que con estas actividades, los niños, niñas y jóvenes «se involucran, crean ese sentimiento de pertenencia de lo que tenemos, de qué tan majestuosos y magníficos son nuestros océanos y la Antártida, lo sensibles y vulnerables que son a los efectos del cambio climático». «Esto es como la semilla para que se replique la información de que debemos cuidar y preservar nuestro medio ambiente», puntualizó. Con el Programa Antártico Venezolano y la Ruta Oceánica y Antártida se continúa el compromiso de educar y sensibilizar a la población sobre la importancia de la conservación de los océanos y el impacto de la crisis climática. «Haciendo ciencia, creamos conciencia», concluyó. Para poder participar en estas actividades, las escuelas y liceos pueden contactar, para solicitar visitas, el centro a través de Oficina de Sociabilización del IVIC en su correo electrónico osccivic@gmail.com. Mincyt/Prensa/AE/Fotografías: AA
Trabajo Especial: Doctor Héctor Rafael Rojas: El cartógrafo de la luna
La historia universal de la ciencia no siempre es justa con quienes hacen grandes aportes a la humanidad. En ocasiones, los nombres más decisivos quedan relegados. Tal es el caso del Dr. Héctor Rafael Rojas (1928-1991), un astrofísico venezolano que desempeñó un papel esencial en el Programa Lunar Apolo de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA), contribuyendo con herramientas matemáticas que permitieron al ser humano caminar por primera vez sobre la superficie lunar. Su trayectoria ha estado marcada por luces y sombras: del reconocimiento académico en Europa y Estados Unidos al silenciamiento deliberado durante décadas. Solo recientemente, a partir de investigaciones documentales y a la acción de instituciones venezolanas, su legado comienza a ocupar el lugar que le corresponde en la historia de la ciencia mundial y en la memoria nacional. Héctor Rafael Rojas nació el 10 de junio de 1928 en Maracaibo, estado Zulia, en una familia de clase trabajadora que poco podía imaginar que uno de sus hijos alcanzaría resonancia internacional. La familia se trasladó a Puerto Cabello y posteriormente a Maracay, donde el joven Rojas cursó estudios en el Liceo Agustín Codazzi, graduándose en la primera promoción de bachilleres. Continuó luego su formación en el Liceo Fermín Toro de Caracas, en el área de Física y Matemáticas. Desde joven demostró una brillantez académica fuera de lo común. A los 22 años, en 1950, partió a París con una beca para realizar estudios en la Sorbonne Université y en el Instituto Militar Politécnico de París. Allí se graduó con los más altos honores, obteniendo simultáneamente un doctorado en Física y Matemáticas y un doctorado en Astrofísica, títulos alcanzados con la máxima distinción académica francesa: Mention Très Honorable. Su formación le permitió dominar campos tan diversos como la mecánica celeste, la astrofísica estelar y la espectroscopía, a lo que sumó el aprendizaje de seis idiomas: francés, inglés, español, alemán, italiano y japonés. Falleció el 12 de mayo de 1991 en el estado Carabobo, a los 63 años, y fue sepultado en un cementerio municipal entre Mariara y San Joaquín. Durante décadas no se conocía con certeza dónde reposaban sus restos. Trayectoria internacional,la NASA y el Método Rojas Rojas tuvo una carrera destacada. Entre 1956 y 1958 trabajó en el Observatorio de París-Meudon, donde desarrollo estudios astronómicos sobre las denominadas estrellas azules. Posteriormente se incorporó al Observatorio Astronómico de Saint Maure, y luego a la Institución Carnegie de Washington D.C., donde continuó con investigaciones en espectroscopia estelar. En México, se desempeñó como profesor-investigador en el Instituto Tecnológico de Monterrey, en asociación con el Pan American College de Edinburg, Texas, combinando la docencia con la investigación de frontera en física y astronomía. En 1966, la NASA invitó a Rojas a unirse al Programa Lunar Apolo. Instalado en el Manned Spacecraft Center de Houston (hoy Johnson Space Center), el venezolano desarrolló lo que se considera su contribución más importante: el Método de Extrapolaciones Sucesivas, también conocido como Método Rojas o de Transformaciones Sucesivas Este sistema matemático se basaba en extrapolaciones y proyecciones complejas, apoyadas en un sistema de coordenadas, con el que era posible analizar con extraordinaria exactitud la superficie lunar a partir de imágenes captadas por sondas automáticas. Una técnica matemática de enorme sofisticación que permitió calcular con precisión inédita las trayectorias y coordenadas de alunizaje. Este método consideraba la topografía de la región ecuatorial de la Luna y la influencia de su gravedad sobre el módulo de descenso. Entre 1966 y 1967 produjo al menos tres informes oficiales para la NASA, documentos que permanecieron clasificados durante décadas y que solo en 2019 fueron liberados y publicados en el Servidor de Información Técnica de la agencia espacial. Estos informes detallan la predicción de las áreas más seguras para el descenso tripulado y constituyen evidencia directa del rol central que desempeñó el científico venezolano. El aporte de Rojas no se limitó al cálculo de coordenadas. Su papel fue también pedagógico y estratégico. Entrenó a los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins sobre las características topográficas de la superficie lunar y las precauciones que debían tomar durante su exploración. Sus cálculos selenográficos, basados en ocho estudios exhaustivos, identificaron las áreas más estables del Mar de la Tranquilidad, donde finalmente el Apolo 11 alunizó el 20 de julio de 1969. En entrevistas concedidas en Venezuela poco antes de ese histórico momento, Rojas predijo con certeza que en julio de ese año el hombre pisaría la Luna. No se equivocó. Por estas razones, fue apodado “el cartógrafo de la Luna”, título que resume su papel como guía matemático del alunizaje. Sin embargo, el ascenso meteórico de Rojas en la NASA pronto se vio opacado por la política. Se negó a aceptar la nacionalidad estadounidense, decisión que incomodó a las autoridades. Rechazó también ofertas económicas para mantener en secreto sus descubrimientos, convencido de que la ciencia debía compartirse y democratizarse, no ser patrimonio de élites o de gobiernos. Como consecuencia de su posición, su nombre fue eliminado de los registros oficiales de la NASA, y muchos de sus documentos, desaparecieron en Venezuela durante los primeros años de la década de 1970. El científico que había guiado a la humanidad hasta la Luna caía en un olvido forzado. Rescate de su legado:Símbolo de ciencia y soberanía Rojas regresó a Venezuela en 1972. Intentó fundar un centro de investigaciones en astrofísica, pero el proyecto nunca se materializó por falta de apoyo institucional. Se dedicó entonces a la docencia en el Instituto Pedagógico El Mácaro, en Aragua, y trabajó como asesor en el Ministerio de Educación, en labores que quedaron invisibles para la opinión pública. La tarea de rescatar su memoria ha sido posible gracias a la investigación del escritor e investigador hispano-venezolano Pierre Monteagudo, quien durante más de dos décadas recopiló archivos, testimonios y documentos hasta publicar en 2016 Expediente Rojas, considerada la biografía oficial del científico. Monteagudo logró que, mediante la Ley de Libertad de Información (FOIA) en Estados Unidos, la NASA desclasificara en 2019 los reportes técnicos elaborados por Rojas. Así quedó demostrado que sus aportes no
Yanpiero Balladores: El investigador que le pone las pilas al país
De niño, Yanpiero Balladores siempre sintió curiosidad por saber cómo funcionaban los artefactos eléctricos. Fue así como terminó con un cementerio de radios en su casa. Los destartalaba para intentar repararlos en su hogar de El Vigía, donde nació y vivió con su madre zuliana y con su papá de Chiguará, estado Mérida. Dice, sobre sus inicios: Mi mamá fue obrera del Instituto Nacional de Nutrición alrededor de 20 años. Mi papá fue taxista durante toda su vida. La infancia en El Vigía para esa época fue un poco dura porque era una zona peligrosa para ese entonces. Pero disfruté de una buena infancia con muy buenas amistades que todavía conservo. Una de las cosas que me llevaron a estudiar ciencia fue la influencia de muy buenos profesores que tuve en el bachillerato y mi curiosidad por la ciencia y por descubrir cosas nuevas. Parte de lo que soy se lo debo a mi madre por todo el apoyo que me dio en el transcurso de mi formación en bachillerato y universitaria. El apoyo que me dio para trasladarme a la ciudad de Mérida a estudiar ciencias químicas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Los Andes. Hoy Yanpiero Balladores, químico, con sus 45 años (nacido en 1980) se siente muy agradado con la investigación que desarrolla para crear en Venezuela baterías con agua salada y litio reciclado, en el Centro de Física del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC. Y con la creación de biomarcadores como el del cáncer, para hacer diagnósticos a tiempo. Un químico en un Centro de Física “¿Qué hace un químico en un Centro de Física?”, se pregunta Yanpiero para enseguida afirmar que esto se lo permite su formación en el postgrado: “Tengo un doctorado en Electroquímica Fundamental y Aplicada. Esta área de la físicoquímica se dedica a ver la transferencia de electrones en un medio, en una celda electroquímica”. Explica el profesor: ¿Qué sucede cuando yo pongo en contacto un electrodo con una solución o con otro material? La electroquímica es una rama que se puede aplicar a muchos factores de la vida diaria y está involucrada en mucho de lo que hacemos a diario. Por ejemplo, las baterías que utilizamos en los dispositivos electrónicos son baterías de litio, esto es netamente electroquímica. Los dispositivos que usamos en algunos casos para medir concentraciones de glucosas en sangre también son dispositivos electroquímicos. Agrega que ya tiene varios años trabajando con baterías de ion litio y “en un sinfín de aplicaciones que abarcan la electroquímica en energía, en sensores, en biosensores. De hecho, ahorita tengo un proyecto aprobado por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación –Fonacit– que se llama ‘Desarrollo de un Prototipo de Batería de Ion Litio para ser usado en el Sistema Eléctrico Nacional’”. Con este proyecto, el investigador pretende desarrollar el know-how, el cómo hacerlo en Venezuela. “No hay litio en el país, pero el saber cómo hacerlo es importante para el desarrollo tecnológico”. Reciclaje del litio Su investigación apunta hacia futuros desarrollos en el área de reciclaje de estas baterías “con la intención de tomar el litio que hay en las que entran al país y reciclarlo, reacondicionarlo para usarlo en nuevas baterías. Estamos involucrados en baterías no recargables de aluminio-aire, en especial aluminio porque en el país tenemos mucho aluminio. Y el otro electrodo que se utiliza es carbón al que podemos tener acceso a través de la biomasa que se produce en algunos procesos de empresas que producen azúcar”. Me aprobaron un proyecto que se llama Desarrollo de Lámparas Agua Salada para Comunidades Rurales. Básicamente, estas lámparas lo que contienen es un electrodo de aluminio y un electrodo de carbón. El equipo de investigación comandado por Balladores se propone producir una batería que pueda ser utilizada en comunidades remotas y en emergencias. “Este electrodo de aluminio se va oxidando, se va desgastando produciendo electrones que son los que me van a permitir producir más o menos un voltio por cada celda. Luego utilizamos un dispositivo electrónico que aumenta ese voltaje y esto me va a permitir encender un conjunto de LED y tener un puerto USB para una carga lenta de algunos dispositivos”. –¿Cómo surgió a la idea de la lámpara para el campo? –Eso surgió de una consulta que nos hicieron el Director y el Subdirector del Instituto (IVIC). Ellos vieron un video donde hacían este tipo de lámparas y nos consultaron a ver si las podíamos hacer. Nos abocamos a investigar qué había detrás de todo esto y decidimos meternos en el proyecto para producir estas lámparas. Nuestro sistema eléctrico nacional de alguna manera está sobrecargado y sabemos que a algunas comunidades no les llega el tendido eléctrico. Decidimos meternos en este proyecto dirigido, esencialmente, a las comunidades rurales, por ejemplo, en la Alta Guajira o en Amazonas. Y también últimamente hablando con otro investigador del Instituto, nos dimos cuenta de que también podemos aplicarlo a los pescadores que salen a alta mar de madrugada. Dice que “la batería está compuesta básicamente de un componente electrónico que aumenta el voltaje, pero lo que produce la energía es un electrodo de aluminio y un electrodo de carbón que están inmersos en agua salada con una concentración de 3% más o menos de sal, que es la concentración de sal en el mar”. Yanpiero se siente satisfecho de su trabajo en laboratorio porque están haciendo, desde la investigación, aportes al desarrollo tecnológico del país y valora que esas ideas están siendo escuchadas desde las altas esferas del Gobierno. Indica que uno de los momentos más difíciles de su carrera como científico del Ivic ha sido enfrentarse a la crisis económica producto de las medidas coercitivas unilaterales y hacer investigación en medio de la pandemia mundial. Poco a poco estamos generando conocimiento tanto a nivel de pregrado y de posgrado. En estos momentos estoy dirigiendo tres tesis de pregrado de estudiantes de la ULA, de la Facultad de Ciencias, de la carrera de Física, y tengo dos estudiantes que están ingresando al doctorado para trabajar
Aspirantes de la Universidad Nacional de las Ciencias visitaron áreas científicas del IVIC
En el marco del Curso de Acompañamiento de Iniciación Universitaria de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC), un grupo de aspirantes a cursar estudios pertenecientes a la Fuerza Armada Nacional ha realizado diversas visitas guiadas a las áreas científicas del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Las actividades organizadas por las direcciones Académica y Estudiantil profundizan las actividades científicas y confirman el compromiso de la UNC y del IVIC con la formación de una nueva generación al servicio del conocimiento y del desarrollo nacional. Los aspirantes visitaron la planta de Servicio de Esterilización por Rayos Gamma (SERG), ubicada en las instalaciones del reactor RV-1 del Centro de Física del IVIC, donde los operadores José Cornieles y Ricardo Morales guiaron el recorrido, explicando en detalle los procesos de irradiación y esterilización. Los visitantes conocieron el flujo de trabajo que inicia con la recepción, identificación y registro de materiales, y que continúa con su procesamiento en la cámara de irradiación, donde se busca reducir la carga microbiana para cumplir con estrictos estándares sanitarios. Durante la pandemia, este centro llegó a esterilizar dos millones de tapabocas, evidenciando su aporte en situaciones críticas. Y sirve para validar la calidad de los productos y cumplir con las especificaciones sanitarias. Asimismo, los jóvenes conocieron el Taller de Soplado de Vidrio ubicado en el Centro de Química, además de los laboratorios de Fisicoquímica de Superficies y Orgánica, Fotoquímica Orgánica, Polímeros y Química de Fósforo. Por otra parte, visitaron el Centro de Microbiología, cuyas investigaciones se basan en el desarrollo de proyectos de investigación en las áreas de salud, como el dengue, virus causantes de diarreas, hepatitis, SIDA, tuberculosis, entre otras. Así como en el sector agroalimentario. Durante su recorrido por el Instituto también conocieron el Centro de Biología Celular, Biotecnología Agrícola y la Unidad de Tecnología Nuclear. En este sentido, la profesora Deniz Luz Molina destacó que la experiencia permitirá a los aspirantes valorar su futuro campo de estudio y comprender de forma presencial los procesos científicos, técnicos y humanos propios del ejercicio profesional. “Estas visitas permiten observar los procesos científicos, técnicos y humanos presentes en los ámbitos de desempeño de la UNC”. Las visitas no solo fortalecen la formación académica de los aspirantes, sino que sirven para comprender la ciencia aplicada, permitiéndoles visualizar las múltiples posibilidades de investigación y desarrollo que ofrece el país. Estas iniciativas ratifican el compromiso institucional de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán con la producción de conocimiento, la innovación científica y la preparación de nuevas generaciones de profesionales e investigadores que contribuirán al impulso del desarrollo del país. Prensa UNC / Y.A – M.G
Universidad Nacional de las Ciencias rechaza la grotesca agresión contra el presidente Maduro
El Consejo Directivo de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán rechazó la «grotesca agresión del imperialismo estadounidense» contra el jefe de Estado venezolano, Nicolás Maduro Moros, con el objetivo de desestabilizar la nación. A continuación, texto íntegro: Los hombres y mujeres del Consejo Directivo Provisional de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC) expresamos nuestro más firme y categórico rechazo a la nueva y grotesca agresión del imperialismo estadounidense contra la República Bolivariana de Venezuela, que ataca con descaro la figura de nuestro presidente constitucional y comandante en jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, Nicolás Maduro Moros. Las recientes amenazas de la fiscal general de Estados Unidos, Pamela Jo Bondi, convertida en marioneta de las pretensiones del presidente de ese país, Donald J. Trump, al ofrecer una recompensa por la captura de nuestro jefe de Estado, constituyen un acto injerencista y cobarde que pretende vulnerar la soberanía de la patria de Bolívar. Esta acción, sumada a un historial verdaderamente criminal de medidas coercitivas unilaterales, busca infructuosamente quebrantar la voluntad de un pueblo que ha decidido ser libre y dueño de su propio destino. En este contexto, la UNC, como institución de educación universitaria fundada para fomentar las actividades de ciencia, tecnología e innovación al servicio del desarrollo nacional y el bienestar común, se declara solidaria con la defensa inquebrantable de la soberanía, la independencia y la autodeterminación de Venezuela. Nuestra comunidad académica, de estudiantes, investigadores y trabajadores, se une al exhorto a la unidad nacional junto con la fusión cívico-militar- policial y todos los sectores patriotas y revolucionarios que construyen diariamente una nación productiva, justa y en paz. Ratificamos que, desde la atalaya de la educación universitaria, la investigación científica y la innovación tecnológica, derrotaremos las agresiones imperiales, superaremos las dificultades impuestas por el brutal asedio y abriremos el camino hacia la consolidación de Venezuela como potencia educativa, libre de tutelajes extranjeros. Desde la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán, siguiendo el ejemplo de nuestro comandante supremo y eterno de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías, y del aguerrido epónimo de esta casa de estudios, elevamos nuestra voz para reafirmar nuestra más absoluta e inquebrantable lealtad con nuestro presidente obrero, Nicolás Maduro Moros, arquitecto de políticas de inclusión y desarrollo científico-tecnológico, y nuestro compromiso irreductible con la defensa de la independencia, la paz y el futuro próspero de la nación. «Conozco el inmenso potencial humano de Venezuela – la de ayer y la de hoy-, que tiene todo lo necesario para llegar a ser una gran potencia cultural y científica, sin el lastre de los compromisos y ambiciones que imperan sobre las superpotencias». Dr. Humberto Fernández-Morán ¡Venceremos!
Venezuela y China revisan agenda de cooperación en materia de IA
La ministra del Poder Popular para Ciencia y Tecnología, Gabriela Jiménez Ramírez, sostuvo un encuentro con el embajador de la República Popular China, Lan Hu, para revisar la agenda de cooperación conjunta que mantienen ambas naciones en el área de la inteligencia artificial (IA). En su canal de Telegram, la ministra Gabriela Jiménez Ramírez detalló que, durante el encuentro, se abordaron los «resultados de los convenios existentes entre ambos países en materia de ciencias, tecnología e innovación en áreas estratégicas para la cooperación global en la gobernanza de la IA y el rol protagónico de la mujer para el empoderamiento digital y su participación en la IA». La también vicepresidenta Sectorial de Ciencia, Tecnología, Ecosocialismo y Salud se refirió a los avances alcanzados durante el Congreso Mundial de Inteligencia Artificial y Reunión de Alto Nivel para la Gobernanza de la IA, celebrado en Shanghái, a principios de agosto. En este sentido, la ministra Gabriela Jiménez Ramírez recalcó que ambas actividades se perfila «como un mecanismo prometedor para la promoción de normas éticas y nuevos ecosistemas de investigación y desarrollo de la innovación con aplicaciones de IA como bien público». Por otra parte, durante el encuentro, se revisaron los acuerdos de colaboración con la Universidad Nacional las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán. En su visita a la República Popular China, la ministra Gabriela Jiménez Ramírez visitó la ciudad de Shenzhen, donde se suscribió un Memorándum de Entendimiento entre la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán y el Centro Internacional para la Innovación en Educación Superior (UNESCO-ICHEI), para fortalecer la innovación pedagógica y el desarrollo de conocimientos «Seguimos avanzando con las orientaciones establecidas por el presidente Nicolás Maduro en la agenda de trabajo compartido y complementariedad, con nuestros hermanos de la República Popular de China», concluyó la ministra Gabriela Jiménez Ramírez en su publicación. Mincyt/Prensa/AE/Fotografías: AA
Inteligencia artificial y una oportunidad para modernizar la educación
Por: Gabriela Jiménez Ramírez Con la llegada de la inteligencia artificial el debate se ha centrado en cómo esta herramienta tecnológica impacta en nuestros niños, niñas y jóvenes, especialmente en su formación académica y la capacidad del pensamiento crítico. Lejos de ser el origen del problema, la inteligencia artificial ha puesto en evidencia las limitaciones de un modelo educativo anclado en el pasado. La plataforma Ingeni.academia, destaca que la IA no ha venido a desplazar al sistema educativo, sino a dejar al descubierto su falta de adaptación a la nueva realidad. Esta resistencia al cambio no es reciente, pero se ha hecho más visible con la aceleración tecnológica de los últimos años. Para desmontar los mitos con respecto a la IA y al sistema educativo, se cita a Andreas Schleicher, director de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y coordinador del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), quien enfatizó en varias oportunidades que «los sistemas educativos se mueven más despacio que el mundo que los rodea». Este enfoque distinto no se logra con prohibiciones o con miedo a la IA, sino con una transformación estructural que coloque el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de resolver problemas en el centro del proceso educativo. La IA no debilita el pensamiento crítico en los jóvenes exclusivamente. Estudios de la OCDE mostraban antes del auge de la inteligencia generativa, un preocupante declive en las habilidades lectoras, matemáticas y científicas de los estudiantes en múltiples países. La pérdida de pensamiento crítico no es solo efecto de la IA, sino del estancamiento de un sistema que prioriza la memorización sobre el análisis. Ante este hecho, se cita a Sal Khan, fundador de Khan Academy, quien afirmó que «la inteligencia artificial puede ser un tutor poderoso, pero no reemplaza la necesidad de que los estudiantes piensen por sí mismos». En sus propias palabras, la tecnología «amplifica la intención humana», por lo que es necesario siempre trabajar para que tengan un impacto positivo pero es necesario que haya buenas personas trabajando en cosas con buenas intenciones de superación personal, aprendizaje y motivación. Ante estos escenarios, se hace realidad aquella frase de Klaus Shcwab, fundador del Foro Económico Mundial quien decía que el sistema educativo, actual, «fue creado para la edad industrial, no para el mundo digital» por lo que insta a transformar un modelo, que está basado en la memorización de contenidos y repetición de información, por el incentivar a las nuevas generaciones a desarrollar habilidades acordes a la era tecnológica. La IA no debería ser vista como una amenaza que hay que contener, sino como una herramienta que puede potenciar el aprendizaje si se integra con visión pedagógica y ética. Pero para ello, es urgente abandonar el miedo y abrazar el desafío de transformar la educación. La tecnología puede cambiar la forma en que enseñamos, pero solo los seres humanos pueden cambiar el propósito con el que educamos.
José Luis Zambrano: Microbiología para la independencia
Un profesional de la microbiología que trabaja con arbovirus es una especie de guerrero o guerrera en pie de lucha. Quienes combaten para controlar estos y otros organismos amenazantes constituyen una especie de legión heroica dispuesta a garantizar la supervivencia de la especie. José Luis Zambrano, nacido en Maracaibo, se presenta a sí mismo, enumera los pasos dados con disciplina y pasion hasta alcanzar sus actuales competencias: “Estudié Biología en la Universidad de Zulia (LUZ) en la Facultad Experimental de Ciencia. En esa misma facultad hice una maestría en Microbiología. Después me dirigí al IVIC a realizar mi Doctorado. Allí inicié mi carrera de investigador posdoctoral en el Centro de Microbiología y Biología Celular. Después hice un segundo post-doc en la Universidad Estatal de Montana, en Estados Unidos. Luego regresé y me reincorporé al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) como investigador”. Cómo nace el deseo o se descubre la vocación científica en un ser humano responde a múltiples factores. Un denominador común podría ser el gusto por las ciencias desde la infancia, pero son muchas las variables: tiempo, espacio, clima, entorno familiar, género, alimentación, juguetes disponibles, factores hereditarios, acceso a la educación y servicios de salud… “Mi mamá era maestra normalista, ella tenía juguetes didácticos que compraba para usarlos con sus estudiantes, pero ella se los llevaba a la casa. Recuerdo que tenía dos sets; uno de química y uno de biología. Había un microscopio chiquito con unas láminas y uno podía ver con él cosas muy básicas. También me gustaba jugar con el set químico, ver las reacciones que te generaban colores, cómo algo echaba espuma, explotaba, yo jugaba mucho con eso de niño”. En el caso de José Luis Zambrano a esta situación propia de su entorno familiar vendría a sumarse el acceso a una universidad pública de calidad (LUZ), luego de haber tenido un excelente profesor de biología en el liceo “Rómulo Gallegos” de Maracaibo: “Él era muy didáctico. Hablaba de situaciones cotidianas. En principio me gustaba mucho el área de botánica, pero cuando vi la asignatura microbiología me decanté hacia esa área”. Luego explica didácticamente: «la microbiología es el estudio de los patógenos de los microorganismos infecciosos: virus, bacterias, parásitos, hongos”, y describe el área de su especialidad: “Yo me especialicé en virología. Trabajo con arbovirus. Es decir, con estos virus que forman este grupo que son dengue, zika, chikungunya, oropouche, fiebre amarilla. Pero la microbiología es una área multidisciplinaria, donde estamos en interacción con áreas como la química, la bioquímica, la inmunología, etcétera. Como trabajamos con patógenos, que son sistemas biológicos, trabajamos con otros tipos de investigación que nos ayuden a entender estos microorganismos bastante complejos”. –¿Qué proyecto de investigación lleva o coordina actualmente? –En el laboratorio del Centro de Microbiología y Virología Celular del IVIC trabajamos para tratar de entender los mecanismos de patogénesis de los arbovirus. Hacemos diagnósticos de los diferentes arbovirus en Venezuela y actualmente estamos dedicados al estudio de los mecanismos de patogénesis del virus dengue y de oropouche. –¿En qué consisten estos trabajos, cómo se estudia un virus? –Estudiamos la respuesta innata celular, cuando la célula se enfrenta a un virus. Evaluamos las rutas celulares que se activan cuando el virus infecta una célula, cómo la célula responde a la infección, cómo el virus interactúa con rutas metabólicas; cómo estas rutas metabólicas buscan bloquear al virus y cómo el virus trata o puede modular una respuesta celular, que son los mecanismos propios de patogénesis del virus. Estudiamos la evolución de estos virus a través de su secuencia genómica y con estas secuencias, que tienen un marco de lectura que codifica para proteínas estructurales o no estructurales del virus, podemos modelarlas utilizando herramientas bioinformáticas para ver la estructura de estas proteínas. Luego hacemos acopiamientos moleculares con drogas, donde podemos ver cómo interactúan (los virus) con estas drogas, si funcionan o no funcionan, y cómo en colaboración con la química computacional podemos mejorar. –¿Cómo pueden vincularse la ciencia y la microbiología con la soberanía nacional? –Cuando trabajamos en investigación el objetivo es no solamente entender un proceso biológico, un proceso químico o una propiedad física de un compuesto, es tratar de lograr acercarnos a esa independencia deseada de tener nuestras propias capacidades que puedan sustentar nuestras necesidades. –¿Qué debería considerar el proyecto de unprofesional o una profesional egresada de la UNC? –La universidad tiene una Dirección de Investigación y una Coordinación de Proyectos, en la que trabajo, y además hay una Coordinación de Publicaciones y una de Socialización de cada investigación. Nosotros vamos de alguna manera a coordinar o supervisar los proyectos de investigación de los estudiantes a través de sus trabajos especiales de grado. Un proyecto bueno, se espera que dé una respuesta directa o indirecta a algún problema científico, pero sin olvidar su relación con problemas reales que tenga la sociedad. –No todo conocimiento es aplicable a corto plazo En los procesos de investigación, señala el profesor Zambrano, el conocimiento marcha poco a poco y se va acumulando hasta ser suficiente para entender un problema y poder resolver u ofrecer una solución o una respuesta a una necesidad concreta o específica. “Te lo digo desde mi punto de vista como virólogo: conseguir entender la patología de un virus permite diseñar una droga o una vacuna que sea efectiva. Pero para lograr esa droga o la vacuna, hay que entender al virus, hay que entender a la célula, al organismo, cómo interactúa entre el patógeno y el sistema inmunitario, y de ahí entonces podemos diseñar algo realmente efectivo. Eso lleva tiempo”. –¿Cuál ha sido su participación en el diseño del plan de estudios de la UNC? –Nosotros trabajamos en el diseño de de la malla curricular de la carrera de Biología y Química computacional. Con esta carrera queremos formar a profesionales que tengan el conocimiento biológico y químico para estudiar sistemas complejos biológicos, desde el nivel molecular hasta un ecosistema, y la capacidad de evaluar también a nivel atómico, interacciones de compuestos, estudiar las reacciones químicas que nos lleven
Iván López: Curripaco en Ciencia Abierta
Su niñez y adolescencia transcurrían en pequeños pueblos del Amazonas colombo-venezolano. Hasta que vio un documental que le torció los planes y se vino a estudiar Ciencias en la ciudad más grande que ha visto en su vida. Coleados estábamos en una clase de Filosofía de la UNC, mientras la profe Lilia Ana Márquez proponía, comentaba, problematizaba un incómodo y necesario asunto: si la ciencia que nos han inculcado durante décadas le ha servido al capitalismo, a la guerra, a la dominación y a la invisibilización de los pueblos pobres de la tierra, entonces esa ciencia no le sirve a la nueva sociedad, la que se supone que ya procedimos a construir. Márquez le preguntó si se habían paseado por las lecturas recomendadas sobre el tema, y varios jóvenes dijeron que sí, y lo demostraron, casi siempre a punta de inquietudes. Uno de esos muchachos que tenían más preguntas que afirmaciones era Iván López, que tiene buenas razones y motivos para sentirse participante de esa demolición de paradigmas, desde dentro. El chamo va a estudiar Biotecnología, y ya entiende por qué incluso esa carrera debe entromparse desde una perspectiva, un punto, una trinchera, y que esa trinchera está llena de claves decoloniales, antiimperialistas y de cuestionamiento de todo lo que suene cómodo y florido. Si el cuerpo y la mente te invita a amoldarte entonces la primera tarea es reventar ese molde: ahí es donde el pensamiento necesita algo de dolor y mucho de acción. A Iván, nacido en 2006, le va a resultar fácil, o al menos eso parece. Iván tiene un fenotipo indígena imposible de ocultar, así que no hubo ninguna sorpresa cuando informó que viene de Amazonas, y que su familia es de origen curripaco, pueblo ancestral binacional que todavía esgrime su cultura en aquellos parajes binacionales. Su padre es técnico en refrigeración, y su madre, personal administrativo en Fundacite Amazonas. El joven confiesa con toda honestidad que ha sido víctima del proceso de desconexión cultural que tiende a aislar a los pueblos originarios. –¿Qué te aportó tu cultura? ¿Qué hay de curripaco en el equipaje que traes de Amazonas? –Mire, siendo sincero, yo tuve una gran desconexión con mi cultura. Me sé solo dos palabras en curripaco: jariwaikao y huachapía, que es «cómo estás» y «gracias». La verdad, últimamente es que me he interesado justo ahorita en mi adolescencia en lo que es el conocimiento indígena tradicional y en lo que puede aportar como la sociedad, a pesar de que es una cultura muy opacada por la modernización y la tecnología actual. –¿Conocías una ciudad grande como esta? –Yo me crie en pueblos pequeños. las ciudades más grandes que conocía eran Inírida (Guainía, Colombia) y Puerto Ayacucho (Amazonas, Venezuela). Había venido a Caracas con mi mamá, muy pequeño, pero nunca tuve relación con lo que es la metropolización o las ciudades grandes. Este detalle, y la intervención de una de sus compañeras de clases, en las que se atrevió a preguntar dónde cabe en esa Universidad la kinestesia, el mal de ojo, y si se puede hablar de lo aburrido que es Platón, me animan a explorar por este lado: –La profesora ha dicho que debemos abrir el cerebro a lo que es la magia y a los conocimientos ancestrales. Eso te debe dar un alivio tremendo. –Eso me da un alivio porque es básicamente de lo que se trata la Ciencia Abierta, el poder descubrir otros entornos y no solo seguir lo que ya está escrito. – El gancho que lo trajo a Caracas La Universidad Nacional de las Ciencias, en su etapa germinal, se movió por el país buscando a sus estudiantes, un movimiento de una audacia que hemos comentado antes en esta serie. Pero de nada sirve que la universidad vaya a buscar estudiantes si éstos no están interesados o animados a mudarse desde sus lugares de origen hasta Caracas, para echarle piernas. Iván revela con su respuesta personal que hay acciones, políticas y productos culturales que le cambian la vida a la gente: –A mí me animó a venirme para acá fue más que todo la historia de Humberto Fernández-Morán, un científico del que no conocía su historia, no conocía el gran talento y el aporte que le hizo a Venezuela, la cuchila de diamantes y otras cosas. No sabía nada de él hasta hace seis meses, por la campaña que se le está haciendo, vi la película sobre él en Amazonas. También conté con el apoyo de mi madre y mi padre, que siempre me han apoyado en todo lo que siempre quise. –¿Y antes de eso qué hacías? –Yo soy apenas recién salido del bachillerato. Mis aspiraciones al principio eran hacer la carrera de Administración, Economía o Mercadeo, y ahora estoy relacionándome con lo que es la materia, la ciencia como tal, la ciencia para la vida. Ahorita quiero aprovechar mis conocimientos más que todo porque ya tuve roces con la química y ahora sobre todo con la Biotecnología, y que descubrí que es una carrera multidiversa en su naturaleza, porque no sólo aporta a lo que es la química natural, no, puede aportar a lo que es la la agricultura, a conocer la fauna y la flora, el ecosistema y hasta la misma industria. –¿Habrá alguien que sepa de botánica allá en Amazonas? Sin ningún problema se me rio en la cara, como correspondía. –Obvio, porque con el conocimiento que puedo adquirir en toda esta carrera yo puedo hacer un gran aporte a mi estado, siendo un área selvática. En esos territorios el conocimiento por parte de los indígenas puede aportar y ayudar al avance en lo que es la tecnología aplicada a la botánica. –¿Cómo te ves dentro de cinco años? –Me veo como licenciado en Biotecnología aquí en Caracas, y si es posible aportarle lo que pueda. Dios quiera una gran investigación, un gran aporte que le pueda hacer al país y sobre todo a mi estado, a mis raíces. ¿Habías venido antes para Caracas? Con