El mundo digital se expande a un ritmo acelerado, pero a la par del progreso tecnológico, surgen amenazas que ponen en riesgo desde cuentas bancarias hasta infraestructuras críticas. El incremento exponencial de ataques cibernéticos como el ransomware, el robo de información y el ciberespionaje, hace que la defensa digital sea una prioridad transversal para el Estado venezolano. La protección de infraestructuras y datos de empresas e instituciones (energía, salud, telecomunicaciones) y el impulso de la economía digital dependen de profesionales altamente calificados capaces de anticipar, prevenir y mitigar el impacto de estos riesgos. En este escenario, Venezuela da un paso importante con la creación de la carrera de Ingeniería en Ciberseguridad impartida en la Universidad Nacional de las Ciencia Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC), una disciplina considerada indispensable para garantizar que el país gestione autónomamente sus sistemas digitales y responda ante amenazas externas, defendiendo su información y sus activos. Con áreas de formación en inteligencia artificial, biotecnología y seguridad digital, la Universidad Nacional de las Ciencias, enmarcada en la Gran Misión Ciencia, Tecnología e Innovación, se proyecta como un centro de excelencia vinculado a los desafíos nacionales. Es así como la ciberseguridad se convierte en una de sus más importantes opciones académicas. Ciberseguridad: un frente de defensa nacional En el mundo, los ataques digitales pueden paralizar hospitales, interrumpir sistemas de energía y bloquear servicios públicos esenciales. Venezuela no está al margen de esa realidad. La digitalización de la administración pública, de la banca y del comercio electrónico multiplica los riesgos y obliga a contar con especialistas capaces de anticipar, responder y neutralizar amenazas. En este sentido, la decisión del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros de crear el Consejo Nacional de Ciberseguridad como órgano permanente dependiente de la Presidencia de la República, apunta en esa dirección. El propio decreto señala su misión de “enfrentar los ataques cibernéticos para proteger los sistemas tecnológicos de Venezuela y garantizar la liberación de todos los sistemas de mando del país”. La UNC se convierte así en una institución académica pionera en la capacitación del capital humano que requiere esta iniciativa estratégica de interés nacional. La rectora Gabriela Jiménez Ramírez lo resumió en una frase que revela la esencia del proyecto al afirmar que “nuestro objetivo es fortalecer las capacidades nacionales en la gestión de incidentes informáticos, especialmente dentro de la administración pública”. Sus palabras refuerzan la idea de que la carrera no se limita a formar expertos en computación, sino a preparar defensores de la infraestructura digital del país. La carrera de Ciberseguridad en perspectiva El objetivo central del programa es formar profesionales integrales capaces de diseñar, implementar y gestionar sistemas de seguridad informática, protegiendo la información y los activos digitales de organizaciones e individuos ante las amenazas cibernéticas. La misión de la UNC es formar líderes con sólidas bases científicas y tecnológicas, conscientes de las implicaciones éticas y legales del componente humano y social del ciberespacio. La Ingeniería en Ciberseguridad tiene una duración de cuatro años y contempla 187 unidades de créditos. Su diseño curricular combina la base teórica de las matemáticas y la ingeniería con asignaturas orientadas a la práctica profesional: seguridad de redes, criptografía, auditoría de sistemas, análisis forense, desarrollo de software seguro y legislación informática. La intención es formar ingenieros capaces de responder de manera integral a los desafíos de la era digital. No se trata únicamente de dominar lenguajes de programación o instalar sistemas de protección, sino de comprender la lógica de los ataques, evaluar riesgos y diseñar arquitecturas resilientes. La UNC ha diseñado una malla curricular que garantiza la formación de un profesional con capacidad de diseñar entornos digitales seguros, detectar y neutralizar vulnerabilidades, y liderar la respuesta ante incidentes críticos. El egresado de la carrera estará preparado para realizar pruebas de intrusión, aplicar normativas internacionales de seguridad, asesorar a organizaciones en políticas de protección de datos y coordinar equipos de ciberdefensa. Además de las destrezas técnicas, el programa de la carrera promueve otras habilidades esenciales complementarias, como comunicar hallazgos de forma clara, trabajar bajo presión y liderar proyectos multidisciplinarios. En un contexto donde los ataques se producen en cuestión de segundos, la capacidad de decisión y la coordinación son tan valiosas como la pericia técnica. El déficit mundial de especialistas en ciberseguridad supera los 3,5 millones de profesionales, según estimaciones de Cybersecurity Ventures, y Venezuela no escapa a esta realidad, ya que la demanda supera la oferta de especialistas y profesionales en el área. Esto convierte a la Ingeniería en Ciberseguridad en una de las opciones académicas con mayor proyección laboral. Los egresados de la carrera tendrán la oportunidad de insertarse en sectores como la banca, las telecomunicaciones, la salud digital, el transporte, las empresas tecnológicas y, por supuesto, la administración pública y la defensa. Desde el análisis de incidentes hasta la consultoría en gestión de riesgos, las posibilidades de desarrollo profesional son amplias y variadas. En la era de la transformación digital, las organizaciones y la sociedad deben mantenerse competitivas y proteger tanto su información como a las personas, el ingeniero en ciberseguridad aportará sus sólidos conocimientos conceptuales y prácticos para diseñar, aplicar y mantener el ciberespacio protegido. Más allá de la técnica Formar especialistas en ciberseguridad en Venezuela requiere inversión sostenida en infraestructura tecnológica, acceso a software actualizado y, sobre todo, políticas que reduzcan la fuga de talento, así como, adecuar el marco legal a los estándares globales. Sin embargo, los desafíos también representan oportunidades, nuestro país tiene grandes posibilidades de consolidar un núcleo de profesionales capaces de proteger sistemas críticos, innovar en soluciones de defensa digital y exportar conocimiento en un área de creciente valor estratégico. La ciberseguridad no es solo un conjunto de códigos y dispositivos. Es un campo con profundo impacto social. Asegura la privacidad de los ciudadanos, protege la continuidad de servicios esenciales, refuerza la confianza en las transacciones digitales y reduce la dependencia de soluciones externas. En definitiva, contribuye a que el desarrollo tecnológico del país sea seguro y confiable. Un país con ingenieros en ciberseguridad bien formados está preparado para enfrentar riesgos globales y
Trabajo Especial: Zoraida Luces de Febres, pionera de la botánica y la agrostología en Venezuela
En la historia de la ciencia venezolana del siglo XX destaca la figura de Zoraida Luces de Febres (1922–2015), investigadora cuyo trabajo marcó un antes y un después en la botánica, especialmente en la agrostología, la disciplina dedicada al estudio de las gramíneas y otras plantas herbáceas. Su dilatada vida y trayectoria académica es reconocida por sus aportes en la investigación, la consolidación de instituciones científicas nacionales y la formación de generaciones que han sido fundamentales para alcanzar el alto nivel que hoy ostenta la investigación botánica en el país. Nacida el 8 de junio de 1922 en Caicara de Maturín, estado Monagas, Zoraida Luces se vinculó tempranamente con el mundo científico. Sin haber concluido sus estudios de bachillerato, cuando apenas tenía 15 años, comenzó a participar en un curso de botánica taxonómica impartido por el profesor Henri Pittier, eminente naturalista suizo. Este encuentro despertó en la joven un gran entusiasmo por los estudios de la flora y las plantas del país. Antes de obtener el título de Bachiller en Filosofía y Letras en el Colegio Católico Alemán de Caracas, con diecisiete años, se convirtió en asistente de Pittier, entonces director del Servicio Botánico del Ministerio de Agricultura, antecedente del Herbario Nacional de Venezuela, comenzando a desarrollar actividades de investigación de campo y clasificación taxonómica. A comienzos de la década de 1940, Luces obtuvo una beca que la condujo al Instituto Smithsonian en Washington, donde se formó bajo la mentoría de Mary Agnes Chase, autoridad mundial en gramíneas. La influencia de Chase dejó una profunda huella en la trayectoria académica de la científica venezolana. De ese aprendizaje surgió su pasión definitiva por la agrostología. En muchas ocasiones, expresó sentirse orgullosa por su aporte a la primera traducción al español del libro de su maestra y amiga Agnes Chase, First Book of Grasses (1959), publicada en 1960 con el título Primer libro de las gramíneas, la estructura de las gramíneas explicada a los principiantes. De regreso al país, en el ámbito académico formal obtuvo el título de Licenciada en Ciencias Naturales en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1950 y, más tarde, el grado de Doctora en Ciencias Biológicas en 1958, lo cual la convirtió en la primera mujer del país en obtener ambos títulos. Aportes científicos La obra científica de Luces de Febres se sitúa con claridad en la taxonomía y en la sistemática de las gramíneas venezolanas. Entre sus contribuciones más notables están: Durante la primera etapa de su vida científica, Luces produjo trabajos pioneros como «El abrojo de Los Andes» (1939) y «Ensayo monográfico sobre las especies venezolanas del género Chloris» (1940). Luego de su formación con Chase, generó varias publicaciones clásicas para la literatura agrostológica venezolana: Obras posteriores incluyen la revisión de Graminae, Palmae y Araceae para el «Catálogo de la flora venezolana» (1945-1947), obra fundamental escrita conjuntamente con Henri Pittier, Tobías Lasser, Ludwig Schnee y Víctor Manuel Badillo. También publicó «Gramíneas nuevas o interesantes para la flora venezolana» (1947), «Especies de gramíneas nuevas para la ciencia» (1953), «Claves para la determinación de las subfamilias, tribus y géneros de las gramíneas de Centroamérica» (1959) y «Las gramíneas del Distrito Federal» (1963). Influencia institucional y educativa Como profesora de la Escuela de Biología de la UCV, Luces se destacó en asignaturas como Botánica Económica y Agrostología. Sus estudiantes recuerdan un estilo de enseñanza basado en la observación directa, el rigor del dibujo botánico y el trabajo constante en el herbario. Por otra parte, desarrolló actividades de investigación taxonómica en el Laboratorio de Biosistemática y Citogenética Vegetal del Instituto de Biología Experimental de la Facultad de Ciencias de la UCV, abarcando la diversidad genómica en géneros de la familia de las poáceas en Venezuela. Igualmente, dictó cursos a nivel internacional y en diversas universidades e institutos de educación superior del país. En el plano institucional ocupó cargos de gran relevancia, entre los que podemos mencionar: Entre las distinciones que recibió se encuentran las condecoraciones Henri Pittier 1.ª Clase, Diego de Losada 1.ª Clase y Mérito al Trabajo 1.ª Clase. Legado perdurable La Dra. Zoraida Luces de Febres falleció en 2015 en Caracas, dejando una obra científica que constituye un valioso patrimonio para el estudio de la botánica y las gramíneas del país. La influencia de esa producción se hace evidente cada vez que se consultan sus publicaciones o se alude a una gramínea como “la especie de Luces”. Su labor en la consolidación del Herbario Nacional y la modernización del Instituto Botánico constituye un cimiento para investigaciones actuales en biosistemática y citogenética vegetal. Son múltiples las manifestaciones que honran la memoria de la investigadora, entre las cuales está el Premio Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación en Educación Media “Zoraida Luces de Febres”, otorgado a proyectos estudiantiles que fomenten la ciencia, la tecnología y la innovación. Hoy su legado cobra especial relevancia, cuando Venezuela registra, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el mayor porcentaje de mujeres dedicadas a la ciencia en América Latina. Más del 60% de investigadores del país son mujeres y el 75% de los proyectos financiados por el Estado están liderados por ellas. Gabriela Jiménez Ramírez, rectora de la UNC, resaltó en el libro Mujeres de la Ciencia que “este liderazgo no solo muestra la capacidad y el compromiso de las científicas venezolanas, sino también un cambio cultural progresivo en la academia y en los centros de investigación/innovación”. Este contexto se vincula con la creación de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán, institución cuyo propósito es formar una nueva reserva científica nacional y proyectar el trabajo de investigadoras e investigadores en áreas estratégicas. Al recordar a Zoraida Luces de Febres, rendimos un merecido reconocimiento a esta excelsa científica venezolana y enaltecemos los significativos aportes de las mujeres venezolanas al desarrollo científico del país. Prensa UNC / YA
Trabajo Especial: La UNC forma a la nueva generación de oceanólogos de Venezuela
Los océanos, además de una fuente de vida y riqueza, representan en la actualidad un espacio estratégico para el desarrollo y la soberanía de las naciones. La oceanología, entendida como la disciplina científica que estudia las características físicas, químicas, biológicas y geológicas de mares y océanos, cobra hoy mayor relevancia en un contexto marcado por el cambio climático, la sobreexplotación de recursos y la contaminación ambiental. Venezuela posee una extensa frontera marítima en el Caribe y el Atlántico que es, sin lugar a dudas, un recurso vital para el desarrollo. En este sentido, la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC), ofrece la Licenciatura en Oceanología como una carrera pionera para la formación de especialistas capaces de comprender los sistemas marítimos y de proponer soluciones innovadoras y sostenibles. Un programa académico integral y de impacto La Licenciatura en Oceanología que imparte la UNC está diseñada con un enfoque integral, combinando la formación teórica con la práctica de campo y el uso de tecnologías avanzadas. La Dra. Ana Yndira Ramos, Jefa de Ciencias Agrícolas y del Mar de la UNC, señala que “el currículo de la carrera se basa en el trabajo de campo, en problemas marinos costeros básicamente, y en proyectos de investigación colaborativos en ecosistemas marinos soportados, por supuesto, con laboratorios bien equipados, con plataformas de sistematización y también con el uso de herramientas tecnológicas de información”. El plan de estudios de la carrera comprende 185 unidades de crédito y se estructura en ocho semestres, abarca áreas de interés como: Asimismo, los estudiantes recibirán formación en herramientas de vanguardia como modelación numérica, teledetección, análisis de datos oceánicos y técnicas de muestreo ambiental, señaló la Dra. Ramos. De esta manera, los egresados estarán capacitados para desempeñarse en diversas áreas en instituciones y empresas públicas y privadas, en funciones como: Para la Dra. Ramos, esta carrera forma profesionales que son verdaderos “defensores de la vida en nuestro país y en el planeta”, al reconocer que la salud de los océanos está directamente vinculada con la regulación del clima y la continuidad de la vida en la Tierra. Explica su importancia al afirmar que “los océanos son reguladores del clima, sin océanos no existiría la vida en nuestro planeta, se necesitan océanos muy sanos. Los oceanólogos deben mantener el bienestar de los ecosistemas marinos”. Venezuela y su frontera marítima: Una oportunidad estratégica El estudio de los océanos no es únicamente una labor académica, se asume como una tarea esencial para la preservación de la vida en el planeta. Como señala la Dra. Ramos, “el estudio, la exploración y el conocimiento de los océanos permiten mantener la vida en nuestro planeta, porque los océanos regulan el clima y albergan ecosistemas que son la base de la cadena alimentaria”. El país cuenta con una extensa línea costera y una Zona Económica Exclusiva que se proyecta a más de 200 millas náuticas, otorgándole derechos sobre la explotación de recursos vivos y no vivos del mar. Estos espacios marítimos incluyen ecosistemas de gran valor como arrecifes coralinos, manglares, estuarios y fondos oceánicos. En este contexto, la Licenciatura en Oceanología de la UNC surge como una respuesta oportuna al preparar profesionales con un perfil sólido y competencias que les permitirán: El estudio de la oceanología permite gestionar de forma sostenible esta riqueza, al mismo tiempo que contribuye a reforzar la soberanía marítima, la seguridad alimentaria y la capacidad de respuesta frente a los efectos del cambio climático. En este sentido, la rectora Gabriela Jiménez Ramírez señaló recientemente, que “esta ciencia es clave para gestionar recursos marinos, delimitar espacios marítimos y resguardar los intereses nacionales en el territorio marítimo”. La UNC asume este compromiso académico como parte de su misión institucional de formar profesionales con pensamiento crítico y liderazgo capaces de generar soluciones para los desafíos ambientales y científicos del país. Bajo esta visión, la Licenciatura en Oceanología se convierte en un programa orientado a fortalecer la reserva científica nacional, estimular la innovación tecnológica y consolidar vínculos con sectores estratégicos como el pesquero, el turístico y la defensa costera. Los futuros oceanólogos formados en la UNC tendrán la capacidad no solo de investigar y comprender los procesos oceánicos, sino también de transmitir ese conocimiento en beneficio de las comunidades y del desarrollo nacional, señaló la docente. De esta manera, la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán se proyecta como referencia científica, formando profesionales con excelencia académica y compromiso social. La Licenciatura en Oceanología se enmarca en esa misión institucional, respondiendo a las demandas formativas del pueblo venezolano y a los desafíos ambientales y científicos del siglo XXI. En tiempos de cambio climático y crisis ambiental, la UNC tiene el compromiso de formar a una nueva generación de científicos y guardianes marítimos. Prensa UNC / YA
Trabajo Especial: Jacinto Convit: Héroe de la salud pública
En la historia contemporánea de la medicina venezolana, pocas figuras alcanzan la trascendencia del Dr. Jacinto Convit García (1913-2014). Científico, docente y reformador de la salud pública, su legado se erige como un referente de excelencia académica, rigurosidad científica y compromiso social. Su vida, dedicada a combatir enfermedades desatendidas, se convirtió en un puente entre la ciencia de laboratorio y las necesidades más urgentes de la población Reconocido internacionalmente como pionero de la inmunoterapia y reformador de la salud pública, contribuyó a la construcción de instituciones sólidas con una praxis humanista que dignificó a miles de pacientes dentro y fuera del país. Su labor, que abarcó la lucha contra la lepra, hasta la investigación sobre el cáncer de mama, sentó las bases para un sistema de atención médica y de investigación que sigue impactando de manera positiva la vida de la población. Formación académica y vocación social Jacinto Convit nació en Caracas, el 11 de septiembre de 1913, en el seno de una familia de inmigrantes. Estudió en el Colegio San Pablo y posteriormente en el Liceo Andrés Bello, donde recibió la influencia de destacados educadores como Rómulo Gallegos, escritor y futuro presidente de Venezuela, quien le inculcó un profundo sentido ético y humanista. En 1932 ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV), y en 1938 obtuvo el título en Filosofía y Doctor en Ciencias Médicas tras presentar su tesis sobre fracturas vertebrales. Desde sus años de estudiante mostró un interés especial por la medicina social, colaborando en la Leprosería de Cabo Blanco, centro que estuvo ubicado en el hoy conocido estado La Guaira, donde atendió directamente a pacientes marginados y confinados. Allí aprendió, como él mismo confesó, “a cuidar a los pacientes desempeñando labores de médico, juez, odontólogo y consejero, que sirvieron ampliamente para enriquecer mi conocimiento sobre la enfermedad y profundizar sobre el aspecto humano de los enfermos”. Revolución en la atención sanitaria El Dr. Jacinto Convit lideró una transformación histórica en la lucha contra la lepra. Su propuesta de sustituir la reclusión en leproserías por tratamientos ambulatorios y humanizados convirtió a Venezuela en el primer país del mundo en cerrar oficialmente estos recintos. El modelo se expandió luego a otras enfermedades endémicas como la leishmaniasis y la oncocercosis, marcando un cambio estructural en la política sanitaria nacional. Este cambio, además de un importante avance clínico y de tratamiento de la salud, representó un acto de justicia social, redujo la estigmatización y marcó un hito en la historia sanitaria mundial Asimismo, propuso el Plan General de Lucha Antileprosa, el cual presentó ante la Comisión Planificadora de Instituciones Médicas Asistenciales del antiguo Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, enfatizando la manera como debía ser organizado el servicio sanitario para controlar la lepra, así como medidas de educación para la población. La Red Nacional de Dermatología Sanitaria, que impulsó el doctor Convit, aseguró la cobertura en los servicios de dermatología médica y epidemiológica en todo el país. El avance científico del Dr. Convit lo llevó a utilizar modelos experimentales innovadores, como el empleo del armadillo sabanero (Dasypus sabanicola), en el cual logró reproducir el Mycobacterium leprae y obtener cantidades suficientes de la bacteria para estudios. Esto le permitió desarrollar en 1980 la primera vacuna terapéutica contra la lepra, combinando el bacilo muerto por calor con la vacuna BCG. Su vanguardista labor científica no se limitó a la lepra. Aplicó la misma lógica a la leishmaniasis cutánea localizada (LCL), logrando en 1986 una inmunoterapia efectiva, reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como parte de la primera generación de vacunas contra esta enfermedad. Estas innovaciones hicieron del Dr. Convit un pionero mundial en el campo de la inmunoterapia aplicada a enfermedades infecciosas, sirviendo de modelo para otros países de Latinoamérica. Reconocimiento nacional e internacional Asimismo, el Dr. Convit recibió merecidos reconocimientos nacionales e internacionales entre los que podemos mencionar: Continuidad del legado El incansable trabajo de Convit continuó hasta sus últimos días, a los 98 años, el insigne científico venezolano cofundó la Fundación Jacinto Convit, que desde 2016 opera como centro de investigación independiente. Esta institución desarrolla importantes proyectos a través de la Unidad Experimental de Inmunoterapia y la Unidad de Diagnóstico Molecular, además de programas de educación y formación. La Fundación ubicada en la primera avenida Montecristo, en el estado Miranda – Caracas, ofrece servicios gratuitos a comunidades vulnerables y ha registrado secuencias genéticas en bases de datos internacionales como GenBank garantizando así, la vigencia de la metodología Convit. Su último estudio lo publicó en 2013 a la edad de 100 años. A partir de sus investigaciones planteó una terapia autóloga para el tratamiento del cáncer de mama. Esta propuesta fue publicada en la Gaceta Médica de Caracas en el 2006 y ampliada en el 2008, publicando protocolos experimentales en la Gaceta Médica de Caracas. Aunque el trabajo científico le valió un gran prestigio internacional y lo postuló para los más altos reconocimientos, con la humildad y claridad de quien considera la ciencia como servicio, llegó a decir, “el premio Nobel no me quita el sueño la cura contra el cáncer si”. El talento, sensibilidad y la formación académica de Convit lo llevó a ser más que un investigador. Además de un brillante científico, fue un constructor de instituciones, un educador de generaciones y un humanista comprometido con los más vulnerables. Su legado perdura en la formación académica, en la estructura sanitaria nacional y en la investigación biomédica contemporánea. Hoy, a los 112 años del nacimiento del Dr. Jacinto Convit, la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán honra su memoria y le rinde homenaje al “héroe de la salud pública” como una figura ejemplar que continúa iluminando el camino de la medicina social y la educación científica en Venezuela y América Latina. Prensa UNC / YA
Trabajo Especial: La Física Nuclear como carrera estratégica para el desarrollo del país
En una etapa decisiva para el avance científico y tecnológico de Venezuela, la Licenciatura en Física Nuclear de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC) se consolida como uno de los programas académicos de mayor trascendencia y proyección nacional. Más que una nueva opción formativa, esta carrera se integra al conjunto de programas universitarios de alta calificación diseñados para afrontar los desafíos del siglo XXI, con el fin de garantizar el desarrollo y la soberanía científica y tecnológica que el país requiere. Bajo la visión académica y social que distingue a la UNC, la Física Nuclear trasciende el ámbito formativo para convertirse en un motor de progreso. El plan de estudios de esta licenciatura ha sido concebido con un enfoque integral, que combina fundamentos teóricos rigurosos con aplicaciones prácticas en áreas esenciales para la sociedad. Un plan de estudios orientado al futuro La física nuclear estudia la estructura, propiedades y comportamiento de los núcleos atómicos, así como fenómenos como la desintegración radiactiva, la fusión y la fisión. Sus aplicaciones abarcan la radioterapia y la protección radiológica, el control de calidad industrial, el monitoreo ambiental, la gestión de residuos y la regulación nuclear, entre otras. El programa académico de la UNC comprende ocho semestres y un total de 181 créditos. Abarca áreas fundamentales como mecánica cuántica, electromagnetismo y estructura nuclear, junto a asignaturas aplicadas en medicina, energía y seguridad radiológica. El propósito es formar profesionales con una base científica sólida y capacidad para proyectarse hacia la investigación avanzada. Aunque el énfasis principal de la formación se orienta al área de la salud, el perfil del egresado le permitirá desempeñarse en la industria tecnológica, la docencia universitaria y la investigación experimental. En palabras de la profesora María Eugenia Pirela Bracho, docente de la institución e investigadora del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), “este programa, diseñado con visión de futuro, busca formar a la próxima generación de expertos que el país necesita con urgencia”. Considera que el carácter innovador y transformador de la carrera se refleja, por ejemplo, en áreas como la resonancia magnética nuclear, herramienta esencial para el diagnóstico médico, y la investigación científica. Los egresados estarán preparados para interpretar datos complejos y contribuir en estudios sobre enfermedades como el cáncer, analizando sus procesos moleculares y aportando soluciones que incidan directamente en la calidad de vida de la población. Para la investigadora, el dominio de esta disciplina abre un abanico de aplicaciones prácticas que van desde la obtención de imágenes médicas de alta precisión hasta el impulso de energías limpias y sostenibles. Agrega que “conociendo lo que ocurre en el núcleo de nuestros átomos, podemos transformar esa información en soluciones que impacten la vida cotidiana”. Destaca, que “con avances en estas áreas, Venezuela podrá reducir su dependencia de tecnologías importadas y consolidar su independencia científica. La primera promoción de egresados será la base de una nueva etapa de desarrollo y autosuficiencia tecnológica para el país”. Inversión en el futuro científico La formación de profesionales altamente calificados permitirá aplicar estos conocimientos en beneficio directo de la población, fortalecer la capacidad nacional en el manejo de tecnología estratégica y asegurar la participación activa del país en un campo de relevancia mundial. Los licenciados en Física Nuclear estarán capacitados para desempeñarse en diversos ámbitos como: Al respecto, Pirela señala que la contribución de estos profesionales al desarrollo científico y tecnológico del país será “incalculable”. La Universidad Nacional de las Ciencias no solo formará a una nueva cohorte de científicos, sino que también contribuirá a la revitalización del ecosistema científico nacional. Explica que el licenciado en Física Nuclear no será únicamente un experto técnico, sino un profesional con capacidad para impulsar la reconstrucción del tejido científico e industrial. Su formación lo preparará para el análisis teórico, la generación de soluciones innovadoras y la aplicación de sus conocimientos en áreas como la salud, la seguridad alimentaria y la planificación de un futuro energético sostenible. En este orden de ideas, la rectora de la casa de estudio, Gabriela Jiménez Ramírez, ha destacado que “Venezuela reitera su defensa del derecho inalienable de los países al desarrollo, para fortalecer la plataforma tecnológica y los conocimientos que permitan incluir el uso de la energía nuclear con fines pacíficos”. Asimismo, señala que “el Dr. Humberto Fernández-Morán fue el primer venezolano en plantear para América Latina el uso de la energía nuclear, hoy sus aportes, legado y contribuciones son referentes para el mundo de una Ciencia para la paz y la vida”. Por su parte, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro Moros, expresó que “en la recién inaugurada Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán, se ha abierto la Licenciatura en Física Nuclear, con el objetivo de formar profesionales capaces de impulsar proyectos innovadores en beneficio de la sociedad y en alianza con países hermanos de la región y del mundo”. De esta manera, la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán reafirma su compromiso con la transformación social, el desarrollo científico, la independencia tecnológica y la construcción de un futuro sostenible. Prensa UNC / YA
Jorge Troconis: Que la UNC cuente con los profesionales del IVIC es una fortaleza
Nacido en la ciudad con la Plaza Bolívar más grande del país (hay más de mil) el camino seguido por Jorge Troconis hasta hacerse investigador del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), titularse como doctor en Física y ser profesor de la Universidad Nacional de las Ciencias “Dr. Humberto Fernández-Morán” (UNC), podría ilustrase con la alegoría de una luz estelar viajando hasta el presente. Desde niño este maracayero se interesó por la ciencia, aunque en su familia solo un tío se había dedicado a la química. Su madre trabajaba en los tribunales, pero él creció preguntándose cómo se forman los planetas, de dónde venimos, cómo ocurrió el proceso de evolución. En la Prueba de Actitud Académica, sin dudar, eligió como primera opción estudiar física en la Universidad Central de Venezuela y como segunda, física en la Universidad de los Andes (ULA). En la última resultó aceptado y la alegría vino acompañada con el planteamiento de un problema. “Cuando salieron los resultados me dijeron que quedé en la ULA, pero que tenía que ir a Mérida a presentar la prueba psicológica. Yo vivía en Maracay. Mi mamá no tenía para pagar el traslado para allá, ni una residencia, ni nada. Entonces quedé más o menos en el aire”. Afortunadamente, su profesor de Física del liceo le habló de la convocatoria a una nueva Facultad de Ciencias en la Universidad de Carabobo (UC). Estaban en la fase de selección de candidatos para la escuela de Física y fue aceptado. Tenía diecisiete años. Debió inscribirse con un permiso especial de su progenitora, una guerrera aragüeña que lo ha apoyado desde su infancia en todos sus proyectos con amor de madre. Igual lo ha hecho con su hermano menor. Como la luz de las estrellas ante el espectrograma, Jorge Troconis muestra con orgullo su origen humilde y deja entrever en la entrevista de qué elementos está formado. Huella digital estelar El trabajo de pregrado de Jorge fue con “simulaciones computarizadas de dinámica molecular” (DM). “Mi tesis tenía que ver con la dispersión de partículas con centros ordenados y desordenados. Era una simulación muy simple donde podía ver cómo una partícula lanzada a un sistema llegaba y quedaba atrapada, como rebotando en la superficie”. Licenciado en Física por la UC se vino a estudiar al IVIC donde cursó una Maestría en Física Fundamental orientando su trabajo hacia la astrofísica. La explicación de su tesis puede resulta asombrosa. Examinar los espectros de la luz estelar captada por el telescopio, permitió a Jorge calcular el hierro presente en la composición de una estrella. –¿Acaso puede saberse de qué elementos está formada una estrella por el estudio de su luz? –La intensidad de la luz es como una huella digital. Realmente uno lo que mide es la longitud de onda de la luz. Mi modelo era un modelo teórico que calculaba los niveles de energía y la probabilidad de transición para el hierro. Si vemos los átomos como si fueran una escalera donde la parte más baja sería el núcleo y cada escalón un nivel de energía, la probabilidad de que un electrón salte de un escalón a otro es lo que uno mide en cuántica. Cuando un electrón va de un nivel más alto a un nivel más bajo desprende un fotón, un rayo de energía, y el hierro tiene un comportamiento particular en ese salto. Uno intenta establecer esos saltos de energía y ver exactamente, cuál es la probabilidad de que ocurran”. A simple vista este saber estelar pareciera tener pocas aplicaciones terrestres, pero no es así. Las espectrometrías de la luz, aparte de resultar efectivas para entender la composición química de una estrella, sirven para entender la composición química y la mecánica de cualquier fenómeno. Por ejemplo, los procesos de contaminación o la creación de nuevos materiales. Culminada su maestría, Jorge Troconis quiso continuar su doctorado con estudios de Astrofísica, pero su tutor, el Dr. Leonardo Di Girolamo Sigalotti, en ese momento investigaba sobre procesos de formación estelar y lo puso a resolver ecuaciones de mecánica de fluidos. “Estábamos en 2012. Se estaba levantando el Laboratorio de Física de Fluidos y Plasmas y el doctor Sigalotti me dice: ‘Bueno, vamos a comenzar con esto’. Era un código donde se simulaban las ecuaciones de mecánica de fluidos para la evaporación de gotas. ‘Si aprendes estas ecuaciones vas a poder hacer lo mismo con la formación estelar, porque son las mismas ecuaciones, solo que hay que cambiar algunos parámetros’, me dijo. Al final tengo más de diez años trabajando con esas goticas y he dejado un poco de lado la Astrofísica”. –¿Cuál es tu proyecto de investigación actual? –Estoy trabajando en lo que es la parte de cambio de fase, esencialmente, lo que es descomposición espinodal: cómo es el proceso de cambio de fase de un líquido a gas. Siempre nos enseñan desde el colegio que existen tres fases; sólido, líquido y gaseoso, pero el detalle para pasar de un estado a otro no está tan claro. En mis últimos trabajos he estado viendo cómo la interfaz que se construye entre la fase líquida y la fase gaseosa sirve como una barrera… –¿Qué problema concreto puede resolver este estudio? –Está involucrado con casi cualquier sistema. Por ejemplo, cuando uno construye un semiconductor o algún nuevo material, este puede estar en una fase de interfaz. El material tiene una parte líquida y una parte gaseosa, pero hay como una zona que no es ni líquida ni gaseosa, sino una unión entre las dos, como una frontera. Entonces, esa frontera justamente es la que limita el paso de la parte líquida a la gaseosa y viceversa. –¿Si conoces esa frontera puedes calcular mejor la eficiencia de un sistema? –Podrías, por ejemplo, mejorar la eficiencia de los motores. Recuerda que un motor consiste en la inyección de un combustible con oxígeno y tienes una chispa que hace que el oxígeno con el combustible se queme. Eso es justamente lo que produce la combustión y hace el movimiento de los
Ana Ramos: Mejorar los alimentos con ciencia aplicada: un océano de oportunidades
Los estudiantes de la novedosa experiencia que representa la Universidad Nacional de las Ciencias «Humberto Fernández-Morán» recibirán conocimientos de primera mano en carreras no tradicionales (ni convencionales), a cargo de investigadores e investigadoras como Ana Indira Ramos y otros científicos y científicas. Esta generación de fundadores y fundadoras tendrá la misión de asegurarse de que lo enseñado no se quede como información muerta dentro de las aulas, sino que estudiantes y profesores serán el punto de partida para que los novísimos pupilos y pupilas, realicen experimentos en el territorio y en los laboratorios. Ana Ramos es jefa del área de Ciencias del Agro y del Mar en la nueva universidad. En el IVIC forma parte del Centro de Estudios Oceanología y Estudios Antárticos. “Se trata de un mundo multidisciplinario”, afirma la profesora Ramos, quien desde que comenzó a trabajar en su área de estudio lo hizo poniendo en práctica los conocimientos científicos que adquiría para mejorar la calidad de vida, optimizando el consumo de especies locales, en principio de algunas comunidades del oriente del país, específicamente del estado Monagas. Allí trabajó como directora del Laboratorio de Microbiología junto con el gobierno local, en la inspección de los expendios de alimentos. Su misión fue realizar análisis de su calidad microbiológica y su inocuidad alimentaria, en cumplimiento de las normas de Covenin (Comisión Venezolana de Normas Industriales), que ahora cambió a “Servicio Desconcentrado de Normalización, Calidad, Metrología y Reglamentos Técnicos de Venezuela” (Sencamer). También se dedicó a realizar experimentos, en el mismo campo, con los denominados “alimentos de cuarta generación”, que no son más que aquellos productos que han sido pelados y cortados y que se almacenan para consumo posterior. “Realicé investigaciones sobre los efectos de la luz ultravioleta en la preservación de frutas frescas cortadas o mínimamente procesadas”, dice la profesora Ramos. Explica que la luz ultravioleta es un elemento térmico de conservación de alimentos que no presenta ningún incremento de temperatura al momento de ser utilizado en la conservación de estos productos, porque permite que los mismos mantengan sus características sensoriales, físicas y químicas sin modificaciones en un plazo de tiempo de consumo óptimo que oscila entre los 10 y 20 días. Estos experimentos los realizó utilizando mango, patilla y piña con excelentes resultados. Posteriormente realizó investigaciones en el Centro Oceanográfico con un proyecto llamado “Valoración y Aprovechamiento de Recursos Marinos”, junto con las comunidades pesqueras que hacen vida en Higuerote, estado Miranda, en las zonas de Playa Valle Seco y en la Laguna La Reina. En conjunto se realizaron varias líneas de investigación, por ejemplo, en estudios sobre el aprovechamiento integral del guacuco para la seguridad alimentaria y la obtención de productos químicos de valor agregado, buscando un sentido práctico de producción con una relación directa con esa comunidad. Esta investigación contempló el aprovechamiento del tejido duro de ese molusco, que es una fuente rica en calcio, cloruro de calcio y carbonato de calcio, que pueden ser aprovechados por la industria farmacéutica y por la industria del papel. Los habitantes de Higuerote también sistematizaron los procesos de etiquetado y empaquetado para la conservación de otros productos como pescados y mariscos. Todas estas investigaciones fueron posibles a través de un proyecto al que nombraron “Capacitación y seguimiento para productos etnogastronómicos provenientes de la Laguna La Reina y Playa Valle Seco en Higuerote, estado Miranda”. Allí se investigó sobre la variedad alimenticia y productiva de esa comunidad, contando con el apoyo del Instituto Nacional de Investigaciones Científicas (IVIC), quien cuenta con una estación experimental en esa zona. Las comunidades participantes pudieron fortalecer su economía y mostrar avances importantes que aportan al entramado productivo del país. De Monagas para el océano Ana Indira Ramos nació en Temblador, estado Monagas, y allí vivió hasta los 14 años de edad con su madre, Ana Celis Villarroel, quien se dedicaba al trabajo del hogar. Su padre, Freddy Ramos, fue maestro, y su hermana Ana Karina Ramos es Ingeniera Agrónoma; allí estudió la primaria y parte de la secundaria. A los 15 años de edad se mudaron para Maturín, ciudad también oriental en la concluyó el bachillerato e ingresó a la Universidad de Oriente (UDO). En principio quiso estudiar medicina, sin embargo el camino que se abrió ante ella fue otro porque ingresó en la carrera de Biología culminando la primera etapa de sus estudios en Maturín. Luego continuó su carrera de pregrado en el estado Sucre, en otro núcleo de la UDO en el cual –confiesa– terminó enamorada de su profesión, obteniendo el grado en Biología Experimental con una tesis orientada a la tecnología de alimentos, que mucho tuvo que ver en el desarrollo posterior de su formación académica. Para el año 1996, vuelve al núcleo de la UDO en Monagas con la meta de hacer un postgrado, pero fue aceptada como profesora a tiempo completo; allí enseñó sobre microbiología general y de alimentos por 25 años, hasta que logró su jubilación. Fue en el núcleo del estado Anzoátegui donde culminó su maestría en Ciencias de los Alimentos. Posterior a ello y sin perder mucho tiempo, Ramos aprovecho los planes de financiamiento que ofrecían en la universidad para profesores de dedicación exclusiva y contactó a Olga Martín Belloso, una destacada investigadora científica especializada en ciencias y tecnologías alimentarias de la Universitat de Lleida (Catauña, España), quien la aceptó en su equipo de trabajo. Ana Ramos cursó paralelamente y obtuvo nuevos títulos con otra maestría basada en una tesis sobre Innovación de Investigación y Producción Alimentaria, y finalmente el doctorado del cual se graduó con el nivel de Cum Laude, en el área de Ciencia y Tecnología Agraria y Alimentación, logros obtenidos entre los años 2008 al 2012. También tuvo la oportunidad de hacer publicaciones en revistas científicas internacionales como Microbiology Foods Journal y en la revista “Saber”, con un artículo titulado Foods Control. El nivel de compromiso y trabajo en esa universidad española fue reconocido cuando le otorgaron el premio “Jade Plus”, que va dirigido a profesores latinos por su labor y consiste en
Trabajo Especial: Licenciatura en Matemáticas: Un perfil innovador
En el contexto de la era de la cuarta revolución industrial, dominada por algoritmos, la ciencia de datos, la inteligencia artificial y el modelado de procesos que impulsan la economía global, la formación de matemáticos es estratégica. Para la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC), creada en el año 2024 por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, y enmarcada en la Gran Misión Ciencia, Tecnología e Innovación, el programa de Licenciatura en Matemáticas se erige como una propuesta educativa para la innovación tecnológica, la resolución de problemas sociales y el desarrollo económico de la nación. Con sus 186 unidades de crédito distribuidas en ocho semestres, el programa presenta una arquitectura académica cuidadosamente diseñada que combina rigor teórico con aplicación práctica. La UNC ofrece una propuesta pedagógica que busca desmitificar la enseñanza de las matemáticas, promoviendo un enfoque centrado en la comprensión, la construcción de modelos y el pensamiento crítico aplicado a datos reales. Para entender la importancia de esta iniciativa, esta institución educativa introduce transformaciones profundas en los métodos tradicionales de enseñanza y aprendizaje de las matemáticas. Más que memorizar fórmulas, los estudiantes construyen conocimiento enfrentándose a la resolución de problemas reales. Este enfoque, orientado a una formación más sólida, permite que los jóvenes no se limiten a aprender ecuaciones diferenciales, sino que, por ejemplo, las apliquen para modelar la propagación de una epidemia en comunidades venezolanas, integrando el rigor matemático con problemáticas sociales concretas. La rectora Gabriela Jiménez Ramírez expresaba durante la transmisión de su podcast Con Ciencia +Vida del 8 de abril, que “la universidad viene, por supuesto, a resignificar el sistema educativo universitario, desde carreras especializadas, orientadas en el trabajo de laboratorio, en el trabajo de la investigación, con líneas que están pertinentemente relacionadas a las necesidades locales de las venezolanas y los venezolanos”. A su vez, el profesor de matemática José Flores señaló que el programa de la casa de estudio, se diferencia de otras universidades porque existe una conexión directa entre los proyectos nacionales de desarrollo científico y por su énfasis en la investigación aplicada para abordar problemas reales del país. Es una formación académica centrada, entre otros aspectos, en la elaboración de modelos matemáticos que simplifican la formulación de problemas y encuentren soluciones efectivas para responder a los cambios que requiere la sociedad. Esto implica que los estudiantes no se limitan a aprender matemáticas, sino que desarrollan la capacidad de aplicarlas para resolver problemas concretos. En definitiva, son preparados para desenvolverse con solvencia en el dinámico ecosistema tecnológico actual. “Estudiar matemáticas en Venezuela representa un compromiso con la formación de talento científico nacional indispensable para el desarrollo académico, educativo y productivo del país”, expresó. Asimismo, refirió, que la UNC, al formar profesionales capacitados en el área científica y tecnológica, busca impulsar el motor de desarrollo soberano, fortaleciendo la investigación y aplicándola en áreas prioritarias para el Estado. Competencias para el siglo XXI El perfil del egresado de la Licenciatura en Matemáticas de la UNC se distingue por presentar a un profesional que trasciende el estereotipo del matemático tradicional. Se busca formar a un nuevo matemático capaz de ser: · Un solucionador de problemas: Capacitado para abordar desafíos complejos desde múltiples perspectivas. · Un innovador tecnológico: Con competencias en programación y análisis de datos. · Un comunicador efectivo: Hábil para traducir conceptos abstractos a lenguaje comprensible. · Un agente de cambio social: Comprometido con el desarrollo sustentable del país Además, a través del programa, los estudiantes tendrán oportunidad de desarrollar lo que los expertos denominan competencias del siglo XXI, entre las que podemos mencionar: · Cognitivas: Pensamiento crítico para evaluar información cuantitativa, resolución creativa de problemas complejos y abstracción matemática aplicada a situaciones reales. · Digitales: Programación en lenguajes especializados, visualización de datos para comunicar resultados y modelado computacional para simulaciones. · Sociales: Trabajo colaborativo en equipos multidisciplinarios, liderazgo en proyectos de base tecnológica y comunicación efectiva con audiencias de diversa naturaleza. La Universidad Nacional de las Ciencias y su carrera de matemáticas representan una oportunidad para revitalizar la educación en Venezuela. En un mundo donde el conocimiento matemático se ha convertido en fundamental para el desarrollo de las denominadas economías digitales, Venezuela tiene la oportunidad de escribir un nuevo capítulo en su historia tecnológica. La UNC se ha propuesto convertir esta disciplina en una herramienta de empoderamiento, innovación y desarrollo sustentable al formar matemáticos con competencias globales para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Prensa UNC / YA
Trabajo Especial: Universidad Nacional de las Ciencias: Formación integral para los desafíos del siglo XXI
En un país donde la ciencia y la tecnología se consolidan como ejes del desarrollo, la creación de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán (UNC) marca un hito en la educación universitaria venezolana, donde busca fortalecer la capacidad del país para afrontar sus desafíos y aprovechar sus potencialidades, actuando como motor de soberanía tecnológica y transformación social. Ubicada en los Altos de Pipe, dentro del campus del histórico Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y enmarcada en la Gran Misión Ciencia, Tecnología e Innovación, la UNC nace como un proyecto de Estado que combina una oferta académica sin precedentes, infraestructura científica de alto nivel y una visión orientada a la formación de profesionales altamente capacitados comprometidos con el bienestar colectivo. La rectora y también ministra para Ciencia, Tecnología e Innovación, Gabriela Jiménez Ramírez ha reiterado en diversas oportunidades, que la universidad tiene una agenda especial orientada hacia 16 nuevas carreras científicas que van a impulsar la actividad productiva nacional, enfocadas en los 13 motores económicos de la Agenda Económica Bolivariana establecida por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro. La UNC ofrece 16 carreras de pregrado, 12 de ellas inéditas en el país. Además de disciplinas consolidadas como Física, Matemáticas, Filosofía e Ingeniería Petroquímica, incorpora innovadores programas en Ingeniería en Electromedicina, Robótica y Automatización, Biomateriales, Inteligencia Artificial, Ciberseguridad, así como licenciaturas en Nanotecnología, Ciencia de Datos, Biología y Química Computacional, Ciencia Molecular, Biotecnología, Física Nuclear y Oceanología. Esta propuesta rompe con los esquemas universitarios clásicos y responde a demandas emergentes de la ciencia global, creando campos de estudio que antes carecían de infraestructura o programas formativos en Venezuela. La UNC ha diseñado perfiles profesionales en disciplinas tecnológicas de frontera con el objetivo de fortalecer la capacidad nacional para innovar en áreas prioritarias como: • Electromedicina: Modernización del sistema de salud mediante el diseño, mantenimiento y gestión de equipos biomédicos. • Robótica y Automatización: Respuesta a la creciente automatización industrial y a la industria 4.0. • Inteligencia Artificial, Ciencia de Datos y Ciberseguridad: Liderazgo en digitalización, análisis masivo de información, desarrollo de sistemas inteligentes y protección de datos. • Nanotecnología y Biomateriales: Desarrollo de dispositivos médicos, materiales sostenibles y soluciones industriales avanzadas. • Biología y Química Computacional: Aplicación en el diseño de fármacos, biotecnología y análisis molecular. • Oceanología: Investigación de recursos marítimos, monitoreo ambiental y desarrollo costero sostenible. • Física Nuclear: Capacidades en medición, modelado y gestión de materiales y radiación para energía, salud, farmacia y metalurgia. • Biotecnología y Ciencia Molecular: Generación de productos y procesos de alto valor para las industrias farmacéutica, agrícola, ambiental y bioenergética. Estos programas priorizan el trabajo práctico, la experimentación y el vínculo activo con la industria y la comunidad científica. Buscan favorecer la transferencia de investigación al tejido productivo, la creación de emprendimientos tecnológicos y la innovación con impacto social. El diseño curricular de la Universidad Nacional de las Ciencias está orientado a formar profesionales en entornos de alta especialización preparados para: • Integrarse a sectores productivos estratégicos como la industria farmacéutica, tecnológica, energética, ambiental y de manufactura avanzada. • Desarrollar emprendimientos de base tecnológica con apoyo de incubadoras y redes de mentores. • Participar en proyectos internacionales de investigación mediante convenios con universidades y centros de investigación extranjeros. • Asumir funciones de liderazgo en innovación y desarrollo en empresas públicas, privadas y organismos multilaterales. Además de la formación técnica, se fortalecen competencias transversales como liderazgo, comunicación científica y pensamiento crítico, habilidades cada vez más valoradas en el mercado laboral global. Formación integral: Ciencia, ética y responsabilidad social La formación integral, es uno de los ejes centrales de la institución educativa para integrar excelencia técnica con una sólida formación ética y humanista, orientada a: • Ampliar el acceso a tecnologías en salud, energía y ambiente, especialmente en zonas vulnerables. • Impulsar energías limpias adaptadas a la realidad nacional. • Desarrollar procesos industriales sostenibles. • Promover la innovación como herramienta de inclusión y equidad. Este enfoque forma profesionales conscientes del impacto social y ambiental de su trabajo, preparados para aportar soluciones concretas a necesidades reales. Ecosistema científico La ubicación en el IVIC proporciona acceso a laboratorios especializados, bibliotecas científicas y redes de investigación interdisciplinaria. Esto facilita el desarrollo de habilidades prácticas y la interacción con investigadores experimentados desde las primeras etapas de la carrera. Entre los objetivos estratégicos de la UNC para contribuir a la consolidación del ecosistema científico nacional destacan: • Formar profesionales en ciencias con una docencia comprometida y transformadora. • Fortalecer la vinculación con sectores productivos, educativos y sociales. • Contribuir a la generación y difusión del conocimiento en ciencia y tecnología. • Impulsar el desarrollo sustentable de la industria nacional vinculada a la ciencia. Por otro lado, la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán no se concibe como una universidad más, sino como un eje fundamental del sistema científico nacional. Su diseño curricular y el perfil de sus egresados apuntan a generar impacto en cinco dimensiones: • Académica: Aumento de investigadores y especialistas en áreas de frontera. • Económica: Impulso a industrias basadas en conocimiento. • Social: Formación de profesionales con vocación de servicio y compromiso con la equidad. • Cultural: Fortalecimiento de la cultura científica y tecnológica. • Internacional: Inserción en redes y proyectos globales de investigación. Prensa UNC / YA
La vía para sobrevivir a la Inteligencia Artificial General, según expertos
Por: Gabriela Jiménez Ramírez Durante una conferencia en Las Vegas, el exdirectivo de Google conocido como «el padrino de la IA», Geoffrey Hinton, lanzó una alerta y aseguró que «el instinto maternal» es lo único que puede inclinar la balanza a favor de la humanidad. El experto sostiene que la humanidad sólo podrá sobrevivir al avance de la inteligencia artificial general (AGI) si logra dotar a estos sistemas de un «instinto maternal». ¿En qué consiste? Hinton se refiere a la necesidad de proporcionar a las máquinas de estos vínculos porque «serán mucho más inteligentes que nosotros y tendrán muchas formas de evitarlo». Hinton considera que cualquier sistema de IA autónoma desarrollará de forma natural dos objetivos: conservar su propia existencia y ampliar su control. En este sentido, surge la importancia de inspirarse en el vínculo biológico entre una madre y su hijo para crear inteligencias artificiales que, al igual que las madres, protejan a quienes dependen de ellas. Según Hinton, la referencia que se tiene «de algo más inteligente controlado por algo menos inteligente es una madre y su bebé». Confía en que si los sistemas adquieren estos vínculos la mayoría no querrá eliminarlo. Aún no existe una solución para implementar este tipo de conducta, aseguró en la conferencia Hinton, sin embargo, hizo un llamado a investigar en la idea. Sobre las previsiones del desarrollo de la AGI, situó su aparición en un margen de 5 a 20 años, mucho antes de lo que calculaba anteriormente. Ahora, no todos los expertos están de acuerdo con esta postura. Fei-Fei Li, la «madrina de la IA», defendió una inteligencia artificial centrada en preservar la dignidad y la capacidad de los individuos para tomar decisiones. El exdirector interino de OpenAI, Emmett Shear, planteó el establecimiento de una relación de cooperación entre personas y máquinas en lugar de trasladarles valores humanos. Hinton recordó que se han registrado casos en los que sistemas han manipulado a los humanos para cumplir sus objetivos. No descarta beneficios como avances médicos radicales, la creación de nuevos fármacos o tratamientos contra el cáncer, por ejemplo, pero subraya que sin una IA empática, el futuro podría ser sombrío.